Primeros Cinco Días – A No Ser Que Te Hagas Como Un Niño
Día 4 – Desde El Corazón De Dios
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados… Nosotros amamos, porque Él nos amó primero.
– 1 Juan 4:10,19
No es por tu propia bondad que has recibido la gracia de ser llamado a la consagración total a la Inmaculada. Es por la infinita bondad de Dios, cuyo Corazón se dirige específicamente a aquellos quienes tienen mayor necesidad de Su misericordia. Es también por la bondad de la Inmaculada, quien ha dicho “Sí” a Dios y amorosamente consentido a (en, para) ser tu Madre. Ella es quien está atrayéndote cerca de Ella, porque Ella ama especialmente a Sus hijos más débiles y a los más pequeños. Y uno tal eres tú.
No dejes que el maligno te engañe: no permitas que el orgullo te haga pensar que eres mejor que otros por haber recibido este regalo. Recuerda siempre que no eres mejor que nadie –tienes simplemente mayor necesidad de esta misericordia, y esto es precisamente por lo que has sido elegido para recibirla. Pero tampoco debes permitir al miedo que te haga pensar que eres demasiado indigno para recibirla. No tienes que ser “lo bastante bueno”, ni puedes ser “demasiado indigno” para ser llamado a la consagración total a la Inmaculada– todo lo que tienes que hacer es desear pertenecer a Nuestra Señora y dejarla que haga contigo lo que Ella quiera. Ninguno es lo bastante bueno, ninguno demasiado depravado como para recibir esta gracia.
Si la vista de tu miseria te detiene, si esfuerzos fallidos en ser bueno te desalientan, recuerda: es para con los hijos más débiles que el corazón de una madre está más atento. Son los más débiles los que necesitan más a su Madre y tienen un derecho especial para ser llevados en Sus brazos, cerca de Su corazón. Y recuerda que tú eres uno de esos hijos privilegiados: tú tienes una necesidad particular de Ella, y éso es por lo que Ella te llama para que te consagres a ti mismo a Ella.