SECCIÓN


Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella



Día 33 – Dale Tu Todo


Hay muchas almas quienes, en un momento de fervor, han dado todo a la Inmaculada. Pero hay casi tantas almas quienes han tomado todo de vuelta, poco a poco. En la hora de la prueba, cuando su consagración pedía sacrificios, dijeron, “Dura es esta palabra, ¿quién puede escucharla?” Y dejaron de andar en el camino de su consagración total. ¿Harás tú como ellos?


Si el solo pensamiento de tomar de retirar tu consagración te asusta, vuélvete a Nuestra Señora, suplícale a tu Madre del Cielo incesantemente que siempre te mantenga en Sus manos Inmaculadas y nunca te deje escabullirte. Adquiere el hábito de frecuentemente renovar tu consagración a tu amorosa Madre. Renuévalo en tu hora de despertarte para que tu día entero pertenezca a Ella. Renuévalo antes de tus principales acciones, para recordar a tu mente que no es por ti que deberías actuar, sino solo por Ella. Renuévalo especialmente en las pruebas de la vida. Dile entonces, “Oh Madre, cuando me di a mí mismo enteramente a ti en el entusiasmo de mi amor filiar, yo no preví el sacrificio. Pero tengo la intención de darme a mí mismo enteramente, y no quiero retractar mi donación. Yo acepto de Ti cualquier cosa que Tú quieras, porque Tú la quieres, ¡lo que sea que me cueste!”


“Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9:7). Regocíjate en haberte dado a ti mismo a Ella sin l´mites, en ser Su hijito, Su sirviente, Su propiedad y posesión –o cualquier otra expresión que los santos han usado o usarán en el futuro para expresar la totalidad de tu consagración a Ella. Siempre recuerda que la consagración total a la Inmaculada consiste en darte a ti mismo enteramente a Ella para pertenecer enteramente a Jesús por Ella. Esta consagración requiere que tú le des a Ella: (1) tu cuerpo con todos sus sentidos y miembros; (2) tu alma con todas sus facultades; (3) tu posesiones materiales presentes y todas las posesiones futuras también; (4) tus posesiones interiores y espirituales, a saber, tus méritos, virtudes y buenas acciones del pasado, el presente y el futuro.


En otras palabras, tú le das a Ella todo lo que posees, ambos en tu vida natural como también en tu vida sobrenatural, junto con todo lo que puedas adquirir en el futuro en el orden de la naturaleza, de la gracia o de la gloria en el Cielo. Nada debe ser retenido si tu consagración va a ser total –ni siquiera el objeto más pequeño o la más pequeña buena acción. Y debes darle a Ella todo para toda la eternidad, deseando como tu única recompensa el honor de pertenecer a Nuestro Señor por María y en María. 


La Virgen Bendita, en Su parte –siendo la Madre de la gentileza y de la misericordia– nunca se deja ser superada en amor y generosidad. Cuando Ella te vea a ti dándote a ti mismo a Ella, privándote a ti mismo de lo que más aprecias para dárselo a Ella, Ella se dará a Sí Misma completamente a ti, y de una manera maravillosa. Ella te engolfará en el océano de Sus gracias, te adornará con Sus méritos, te sostendrá con Su poder, te iluminará con Su luz, y te llenará con Su amor. Ella compartirá Sus virtudes contigo. Ella compensará tus fracasos y se hará tu representante con Jesús. Justo como tú perteneces enteramente a María, así María te pertenecerá enteramente a ti. Lo que San Juan dice de sí mismo en su evangelio, será igualmente verdadero de ti: “Él La recibió en su casa.”


***


Mañana es el día que harás tu consagración a la Inmaculada. En preparación, puedes escribir a mano tu acto de consagración y firmarlo después de que lo hayas recitado, pero ésto no es obligatorio, y puedes simplemente usar la provista en la p. 73. 


Porque es un día especial para Nuestra Señora y para ti, si puedes, deberías intentar hacer una buena confesión, atender la Santa Misa y recibir la Santa Comunión. Si es posible, recita tu consagración devotamente en la iglesia en frente de una imagen o altar de Nuestra Señora. Pero incluso si no puedes hacer ésto y harás tu consagración en casa o en algún otro lugar, está seguro de que Nuestra Señora estará contenta contigo igualmente, mientras que ésta venga de tu corazón. 


Oraciones Diarias (pp. 85–86)