Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella
Día 32 – Dale a Ella tus Méritos
Toda gracia que viene a tu alma de Dios el Padre viene sólo por Jesús y la Inmaculada. Y de ningún otro modo puede tu respuesta a la gracia volver al Padre, excepto a través de Jesús y la Inmaculada. Cualquier cosa que hagas bajo la inspiración de la gracia –cualquier buena obra o mérito tuyos– debe pasar por sus Sus manos inmaculadas para volver perfectamente y llegar a tu Padre del Cielo.
Dale, pues, todas tus buenas obras juntas con todo su mérito, el cual es la recompensa del Cielo que es debida a ellas. Dale a Ella todo su valor satisfactorio, el cual es su poder para hacer expiación por el pecado y para obtener gracias de Dios. Para salvaguardar tus buenas obras y méritos, no pongas ninguna confianza en ti porque tú no sabes qué pedir (Rm 8:26) y porque tú llevas tu tesoro en una mera vasija de barro (2Cor 4:7) y puees perderlo todo en un solo momento de debilidad. Confía más bien en Su poder y en Su bondad sólo.
Por tu consagración a Nuestra Señora, tú le darás a Ella todo el bien que hagas, lo cual significa el valor meritorio y satisfactorio de tus buenas obras; tus penitencias y tus oraciones. Tú se lo darás a Ella para que Ella lo mantenga, aumente, y perfeccione por ti; para que Ella lo aplique donde seas que Ella quiera y a quien sea que quiera, por la salvación del mayor número de almas y para la mayor gloria posible de Dios. Ella lo recibirá de ti para que Ella lo presente a Jesús por ti como Suyo propio, así pues inmaculado, agradable a Dios.
Una vez des todo ésto a Ella, ¡piensa la confianza con la cual serás capaz de rezarle a Ella! Serás capaz de rezar por todas tus intenciones y por todos tus seres queridos sabiendo que no eres tú sólo quien está rezando, sino Nuestra Señora contigo, cuyo amor es mucho mayor que el tuyo, quien no puede cometer un error en preguntar a Jesús o aplicar gracias de Él. Ella puede y obtendrá para ti más que lo que tú podrías jamás obtener por tu cuenta, mucho mayores cosas, más allá de lo que tú te atreverías incluso a pedir. Pero tú no debes ocultarle nada a Ella. No tengas miedo de dejarle a Nuestra Señora arreglar tus oraciones defectuosas como Ella lo vea necesario; cambiar o mejorar tus peticiones si Ella viese que ésta es la mejor cosa que hacer por ti; aplicar gracias a cualquiera y como sea que Ella lo vea bien. Déjale a Ella decidir todo, sin excepción.
Destierra toda preocupación y ansiedad de tu corazón, como si tuvieras que cuidar de todo tú solo. Nuestra Señora tomará especial cuidado de todo lo que es tuyo, porque todo lo que es tuyo será de Ella. Si tú verdaderamente Le das todo –todo y todos los que son queridos de tu corazón– entonces ella tendrá especial cuidado por todos ellos. Ella nunca se permitirá ser superada en bondad y generosidad, y te dará de vuelta mucho más que lo poco que tú eres capaz de darle.
Más que todo, confiadamente pídele a Ella las gracias que Ella Misma quiere darte, y las cuales tú no sabes cómo pedirlas siquiera: déjala sorprenderte y mostrarte Sus propias amorosas intenciones para contigo. Nuestra Señora ve lo que tú no puedes ver –tus necesidades y aquellas de tus seres queridos– como Ella vio en la fiesta de bodas en Caná. Confía en Ella siempre y pídele que te dé todo lo que Su Corazón maternal quiera.