Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella
Día 31 – No Temas Nada
Tu primera consagración a la Inmaculada ocurrió en el Calvario, no en el medio de la consolación, sino en el dolor y la pena. Fue hecha por el Jesús agonizante y fue recibida por Su dolorosa Madre. Representa en tu mente la escena del Calvario: ve cómo Ella está de pie allí, fuerte y valiente, al pie de la cruz, sin sucumbir a la inmensidad del sufrimiento que la invade. Ve cómo Ella amorosamente te acepta como Su hijo. La Madre de los Dolores Ella Misma, triunfante sobre el sufrimiento, ¡se hace tu propia Madre! Tú así pues no tienes nada que temer de tus propios sufrimientos: con Ella, serás capaz de resistirlos todos.
Es seguro que satán buscará atacar a toda alma que quiera aproximarse a la Inmaculada –y él acechará el talón de Ella– ésto es sus hijos– intentando golpearlos, separarlos de Ella. Ella permite ésto solo para más claramente manifestar Su poder en ti. Aunque satán intentará crear tormentas fuera y dentro de ti para hundirte en el desánimo y en la desesperanza; aunque él intentará hacerte sentir como que no puedes aguantar –si tú permaneces unido a Ella, todo ésto no le será de provecho alguno– su derrota es segura, tu vectoria cierta; las palabras de la Escritura siempre serán verdaderas: Ella aplastará su cabeza (cf. Gen 3:15).
Cuando te hagas de Ella, la Inmaculada no te ahorrará tener parte en Sus propios grandes sufrimientos. Tú recibirás cruces, pero no tengas miedo de ellas. Aquellos quienes están consagrados a Nuestra Señora llevan sus cruces con mayor facilidad y ganan más mérito y gloria. Lo que podría fácilmente detener el progreso de otra persona, no te detendrá a ti en ningún modo, sino que incluso de ayudará en tu camino, porque esta buena Madre endulzará todas las cruces que Ella prepare para ti en la miel de Su bondad maternal y la unción de su puro amor. Aunque tus cruces puedan ser muy pesadas, cuando las recibas de Sus manos, serás capaz de llevarlas con gozo. Tú debes cuidadosamente recordar que, sin Ella, tú nunca serás capaz de llevar tus cruces, ni siquiera las cruces ligeras. Pero con Ella tú tendrás la fuerza para llevar todas ellas, incluso las más pesadas. Sin una devoción confiada a la Inmaculada, quien es la misma dulzura de la cruz, incluso las cruces más ligeras se harán insoportables para ti, mientras que con Ella no serás abrumado ni siquiera por las más grandes.
Nuestro Señor aún habla a tu corazón estas mismas palabras de consagración y te llama a hacer la respuesta tú mismo, por tu cuenta, de tu propia libre voluntad: “¡He aquí a tu Madre!” Te dice a ti. “No tengas miedo de mi cruz –con Ella la llevarás fielmente y serás victorioso sobre el sufrimiento.” Verás las victorias asombrosas de Nuestra Señora en tu vida, si la dejas guiarte y no te echas para atrás. No temas nada y mantente cerca de Ella. Déjala llevarte en Sus brazos a donde sea que Ella te guíe, incluso en el medio de las batallas más fieras. ¡Ella conquistará siempre porque ella es victoriosa siempre!