SECCIÓN


Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella



Día 30 – Ríndete a ti mismo a Ella


Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre; como un niño saciado así está mi alma dentro de mí. 

— Salmo 131


Cuando te consagres y rindas a ti mismo a Ella, experimentarás la misma paz que el Espíritu Santo dio al Salmista. La consagración total a la Inmaculada es un camino de profunda humildad, y, así pues, de profunda paz también, una gran paz interior. Aunque no es un camino libre de dolor y tribulación –porque éste empieza en el Calvario, al pie de la Cruz de Nuestro Señor– te otorgará una paz en lo profundo de tu alma la cual no puede ser afectada por ninguna tribulación que aflige la mera superficie. 


Descansa como un niño en los brazos de tu Madre, y déjala guiarte a través de la vida. Cualquier cosa en tu vida que no dependa de tu propia libre voluntad es ciertamente permitido por Ella para ocurrir para tu mayor bien –incluso si es algo causado por la mala voluntad de otros. Si Ella permite que pase, hay algún bien en ello para ti, y Ella proveerá cualquier gracia que necesites para afrontarlo, para superarlo, para beneficiarte y crecer por ello –cualquiera que el reto pudiera ser. 


Ve todas las cosas en la luz de tu pertenecer a la Inmaculada. No temas los cambios de la vida; responde a ellos 1) o no prestando ninguna atención a ellos, si fueran algo indiferente, ni ayudando ni dificultándote moverte más cerca de Ella –como la desolación, los malentendidos y otras cosas parecidas; o 2) usándolos, aceptándolos, tomando parte en ellos, siguiéndolos, si te ayudan hacia el objetivo de la mayor unión con Ella –como la consolación espiritual; o 3) resistiéndolos y peleando con ellos resueltamente y confiadamente si estorban este mismo objetivo –como las tentaciones a pecar.


En todas aquellas cosas en la vida donde ni la necesidad ni la obediencia a autoridad legítima ha decidido el curso de acción para ti, haz como desees, pero intenta siempre dar el mayor agrado y consolación a Su Inmaculado Corazón. Ama y haz lo que quieras, como San Agustín dice. 


La consagración total a la Inmaculada es también un camino de gran simplicidad. Consiste en saber que donde Ella no está presente, Dios no está presente allí tampoco: ni el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu Santo. Pero al contrario, donde sea que la encuentres, allí encuentras la entera Santa Trinidad, allí encuentras vida sobrenatural y el camino a la vida eterna. 


Tu actitud debe así pues ser una de humildad, simplicidad y una pacífica y perseverante determinación de permitirte ser guiado por Ella siempre, en todos los lugares y en todas las cosas. Y no importa qué pueda pasar a tu alrededor, debes siempre volver a Ella con todo, y mantener la paz y el amor de un niño descansando en los brazos de su madre. 

Oraciones Diarias (pp. 85–86)