Primeros Cinco Días – A No Ser Que Te Hagas Como Un Niño
Día 3 – Un Don Recibido En El Calvario
Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
– Mateo 16:24
Convertirse en hijo de María es un don que Nuestro Señor da en el Calvario. Para recibir este don, debes negarte a ti mismo, tomar tu cruz, y dejar a María que te conduzca allá arriba, hasta el pie de la cruz, donde tú también escucharás las palabras dichas al discípulo: "He aquí a tu Madre" (Jn 19:27).
Para ser conducido por María y seguir a Nuestro Señor, debes negarte a ti mismo, lo que significa que debes negar esa parte de ti que resiste a la voluntad de Dios. Llevas (tienes) dentro de ti concupiscencia, la cual viene del pecado y conduce al pecado. Por esta concupiscencia, hay dentro de ti muchas inclinaciones pecaminosas, las cuales te dificultan e impiden seguir. Debes oponerte a estas inclinaciones, porque son obstáculos que se ponen en tu camino a ser un discípulo fiel.
No dudes en negarte a ti mismo. No permitas que la vista de tus pecados y de tu fuerte apegamiento a ellos te desaliente. Nuestra Señora, suavemente, pero poderosamente, te liberará, y tú estarás asombrado de lo que Ella logrará en ti. ¡Nuestra Señora es la Madre del Dios Todopoderoso para quien nada es imposible, nada es difícil, quien es infinitamente más grande que tu pecado más grande!
Decídete a pelear, para superar tus pecados. Toma una firme decisión de confesarlos y de no pecar más. Estate vigilante no sea que caigas –y si tuvieras la desgracia de volver a caer en cualquier pecado por debilidad y orgullo, no dudes por un segundo del amor por ti de Nuestra Señora y no esperes siquiera un momento para volver a levantarte. Incluso aunque satán haga a un alma caer muy bajo, su victoria no es definitiva mientras que esa alma se aferre (se agarre, holds on) a su devoción a Ella.
Busca así pues mantener siempre una conciencia pura en Su vista (presencia, a sus ojos). Asegúrate de hacer todo lo que esté en tu poder para ser fiel, y ten confianza de que Nuestra Señora hará el resto. Cuando seas tentado y te sientas abrumado, ten pronto recurso a Ella, como un niño que se vuelve hacia su madre en la cara de un peligro que él no puede afrontar por su cuenta. Si haces ésto, Ella te protegerá de caer y te hará un fiel seguidor de su Hijo, incluso hasta el Calvario mismo.