SECCIÓN


Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella



Día 29 — La Libertad de un Hijo de María


Cuando perteneces a la Inmaculada, todo lo que puedes llamar tuyo propio se hace Suyo. Tú te haces Su posesión y propiedad siempre y en todo lo que haces, y todas tus acciones pertenecen a Ella de un modo especial. Dios te ve no de otro modo que como perteneciendo a Ella, como un hijito de María. 


Y aunque tú verdaderamente perteneces a Ella, debes recordar que Ella pertenece a Dios, y que todo lo que es de Ella es de Dios. Por esta razón, Ella con todo Su corazón quiere que tú pertenezcas a Él. Debes así pues dejarla guiarte e inspirarte para ir a Dios, y para hacerlo sin ningún miedo. Sabe que tu consagración a Ella no viene al precio de tu relación con Dios o los santos. 


Cuando rezas, es bajo Su guía que lo haces —y porque perteneces a Ella, tú puedes rezar directamente al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a los ángeles o a cualquiera de los santos. Tú puedes hacer éso no solo sin el menor escrúpulo, sino con toda la mayor confianza, porque tú estás siempre rezando con Ella y en Ella. Tú eres un miembro de una familia amorosa en la que no hay celos. Cuando tú rezas a Nuestro Señor, sabe como un hecho que es la Inmaculada quien te está inspirando para que le reces a Él. Deshazte de tu limitado, humano modo de pensar, tan manchado por la experiencia de la miseria humana y el pecado, tan llena de celos, rivalidad y competición. Déjala guiarte en tu devoción, siempre recordando que eres un miembro de una familia amorosa, la familia De Dios, donde no hay conflictos o competición. 


Si somos de Ella y todo lo que es nuestr es Suyo, entonces Nuestro Señor aceptará todo de nosotros como viniendo de Ella —como Su propia posesión y propiedad. Puedas recordar ésto o no, puedas entenderlo o no —tú siempre serás visto por Jesús como la especial, querida propiedad de Su Madre, y Su amor por ti será un amor especial. 


Y nuestra buena Madre nunca dejará nuestras acciones imperfectas, sino que las hará dignas de Ella Misma, que es inmaculada, sin la más pequeña imperfección. Por esta razón, puedes estar seguro de que incluso si no lo piensas o no lo recuerdas o no lo entiendes, toda oración hecha por ti para Jesús y toda acción ofrecida por amor a Él llevará un incomparablemente mayor gozo a Su Sacratísimo Corazón que si no estuvieras consagrado a Su Madre. Mientras que no excluyas deliberadamente la mediación de Nuestra Señora o revoques tu total, de todo corazón consagración a Ella, tú puedes estar siempre en paz; tú no debes preocuparte de intentar constantemente mantener la consciencia de Su mediación en tu mente, porque tú eres incapaz de hacerlo debido a tu limitada memoria humana e inteligencia. 


Tú puedes dejar a tu alma libremente seguir la inspiración de tu corazón y todo lo más confiadamente aproximarte al Tabernáculo, la Cruz, el Pesebre, la Santísima Trinidad y todas las otras devociones santas aprobadas por la Iglesia, porque tú no te aproximas tú solo, sino con Ella, como Su hijito y poesesión. Tupe des rezar libremente como el amor De Dios te inspire, y el Espíritu Santo —Aquél quien remueve todos los límites a tu amor— te guíe y te mueva .

Oraciones Diarias (pp. 85–86)