Cuarta Semana – Déjate Ser Guiado Por Ella
Día 27 – La Esposa del Espíritu Santo
Cuando en Lourdes Santa Bernadette Soubirous pidió a Nuestra Señora que revelase Su Nombre, Nuestra Señora abrió sus manos juntas y las extendió al suelo. Entonces, levantándolas otra vez, las juntó como en oración, y, mirando al Cielo con inexpresable gratitud, Ella finalmente dijo a Bernadette: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” Era la primera vez en su vida que la niña simple y joven había oído estas palabras. Ella no entendió su significado, lo cual es por lo que ella intentó no olvidarlas, y las repitió todo el camino a casa hasta que obedientemente las comunicó a su sacerdote párroco.
Nuestra Señora ama el nombre que Ella reveló a Bernadette, porque éste expresa un muy especial y completamente único privilegio que Ella recibió del Dios Altísimo: Ella sola puede llamarse a Sí Misma la Inmaculada Concepción. Pero este nombre también contiene un misterio escondido: la unión inefable de Nuestra Señora con el Espíritu Santo como Su Esposa. El Espíritu Santo, de hecho, es también una Concepción Inmaculada, pero no creada y eterna, dentro de la Trinidad. Su “concepción” es una eterna espiración –es lo mismo que Su procesión del Padre y el Hijo desde toda la eternidad. El Espíritu Santo es la increada Inmaculada Concepción; Nuestra Señora, la creada Inmaculada Concepción.
Piensa: Nuestra Señora y el Espíritu Santo comparten el mismo nombre! Qué significa ésto? Ésto significa que ellos están unidos por un vínculo muy cercano. Un vínculo tan cercano que debemos hablar de él como de una unión esponsal. Si entre los seres humanos la mujer recibe el nombre de su marido –porque ella le pertenece a él, ella se una a sí misma a él, ella se hace como él y junto con él ella se hace una agente creativa de nueva vida –cuánto más ésto ocurre con la Inmaculada y el Espíritu Santo? El nombre de Aquel quien es la increada Inmaculada Concepción pertenece también a María, Su Esposa, porque Ella le pertenece a Él enteramente y está enteramente unida a Él –tanto que, junto con Él, Ella da la existencia al Dios-Hombre.
Dios el Espíritu Santo, con la Inmaculada, en Ella, y de Ella, produjo su obra maestra: Jesús, Dios-hecho-hombre. Y el mismo modo –con Ella, en Ella, de Ella– Él quiere producir a Cristo en tu alma. Cuanto más Él encuentre a María en tu alma, tanto más Él producirá a Jesús en ella. Él se dará a Sí Mismo generosamente a tu alma de acuerdo con el sitio el lugar que tú hayas dado a María, Su Esposa. Si Él la encuentra a Ella enteramente presente en tu alma, Él vendrá a Ella con gran poder. Te llenará con sus siete dones y hará maravillas de gracia en ti.
Piensa, también, que una de las principales razones por las que el Espíritu Santo no hace maravillas en las almas es que Él no encuentra en ellas una suficientemente cercana unión con María, su inseparable Esposa. Él encuentra pocas almas quienes están verdaderamente consagradas a Ella sin límite ni reserva.
Éste es un gran misterio de gracia el cual muchos Cristianos no conocen, incluso aquellos que son formados y muy piadosos. Ahora que se ha hecho conocido a ti, da gracias al Espíritu Santo por ello, y busca ser una aún más fiel posesión y propiedad de la Inmaculada, para que Él pueda venir a ti y transformarte con Su poder.