SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 26 – Conviértete una y otra vez


La transubstanciación en la Inmaculada (2) no ocurre instantáneamente como lo hace la transubstanciación Eucarística. Ésta es a menudo lenta y laboriosa, y viene al precio de grandes esfuerzos hechos por amor de Nuestra Señora. Incluso aunque no todo esfuerzo tuyo pueda ser exitoso –incluso aunque puedas caer a menudo– la paciencia de Nuestra Señora nunca se acabará para ti mientras que tú continuamente intentes levantarte del pecado a la gracia, resistir la tibieza y gradualmente crecer de gracia en más y más gracia. La Iglesia mira a María, y “ésta la ve a Ella ayudando al pueblo Cristiano en la constante lucha entre el bien y el mal, para asegurar que ellos ‘no caen’ o, si ellos han caído, que se ‘levantarán de nuevo’” (San Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 25 de marzo de 1987). 


Para ser transformado en Ella, la Inmaculada quiere que hagas un uso frecuente del sacramento de la confesión (el cual es también llamado el sacramento de la penitencia) porque Cristo Su Hijo lo instituyó para ti. Por esta razón, no puedes descuidar este sacramento, sino que debes más bien recibirlo a menudo. ¡No pienses que no necesitas confesión! Incluso si, por la gracia de Dios, estás libre de pecado mortal, no te engañes en pensar que puedes permanecer libre por mucho tiempo si habitualmente descuidas la confesión. Recuerda que recibiendo el sacramento de la penitencia frecuentemente, tú eres prevenido de volver a caer en pecado mortal; cada vez que haces tu confesión, la gracia sacramental que recibes te convierte más y más firmemente del pecado a Dios, y te mantiene firmemente convertido a Él. Tus pecados veniales también son menos y menos deliberados y tu sed de una santidad más grande crece firmemente. 


¿Valoras el sacramento como deberías? ¿Te preparas diligentemente para él rezando para conocer tus pecados? ¿Es tu propósito de enmienda firme y concreto cada vez que confiesas tus pecados, especialmente cuando éstos son frecuentemente repetidos, e incluso si son meramente veniales? ¿Cumples fervientemente la penitencia impuesta sobre ti?


El Espíritu Santo inspiró la práctica de la confesión frecuente en la Iglesia, como los papas nos enseñan, y es por esta razón que Nuestra Señora, la Esposa del Espíritu Santo, quiere que sigas esta inspiración. Por la confesión frecuente, tú te haces más dócil al mismo Espíritu Santo y Sus frutos son formados en ti. Para asegurar un más rápido progreso día a día en el camino de la virtud, la frecuente recepción del sacramento de la confesión debería ser una parte de tu vida. Por la gracia de la absolución sacramental tu apego al pecado se debilitará, tu posesión de la gracia se intensificará; tu conocimiento propio crecerá, y la humildad Cristiana crecerá en ti; corregirás malos hábitos y resistirás la negligencia espiritual y la tibieza; tu consciencia será purificada, tu voluntad fortalecida, y obtendrás auto control y dominio sobre tus sentidos y pasiones (Pío XII, Mystici Corporis, 29 de junio de 1943). Sé sincero en tu resolución de ser guiado y transformado por la Inmaculada, y no falles en a menudo acercarte al sacramento de la penitencia, como para cosechar sus frutos de gracia. 


(2) Ver nota al pie del día 25.

Oraciones Diarias (pp. 83–84)