SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 25 – Transubstanciación En la Inmaculada (1)


La Inmaculada pertenece a Dios el modo más perfecto e inefable. Para expresar sólo cuánto Dios la unión a Sí Mismo, no es exagerado usar una expresión encontrada en los escritos de los Padres y teólogos –y aprobada por la Iglesia– y decir que ella es un complemento (o “compleción”) de la Trinidad. Ésto significa que ninguna de las Divinas Personas de la Trinidad entrarán en comunión con nadie fuera de la Trinidad sin Ella –ni el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu Santo, compartirán Su vida divina con la creación sin la colaboración de Nuestra Señora. Por esta razón, sin Nuestra Bendita Señora, nuestro conocimiento y participación de la vida de la Santa Trinidad permanece siempre parcial e incompleto. 


La relación de Nuestra Señora con la Santa Trinidad sobrepasa aquella de cualquier otra criatura, humana o angélica. Aunque Ella no es una persona divina Ella Misma, aún Ella tiene una relación sublime con cada una de Ellas. Ella es la Hija Amada y esclava del Padre, la verdadera Madre del Hijo, y la inseparable Esposa del Espíritu Santo. Ella es la posesión y propiedad de Dios de un modo muy superior a aquél de todas las demás criaturas. Por esta razón, Ella también goza el mayor grado posible de intimidad con Dios. 


Si te haces verdaderamente Suyo, Ella te introducirá a ti también en una inexpresable intimidad con la Santísima Trinidad -y tú pertenecerás a Dios el modo más perfecto posible. Ella amará entonces a Dios a través de ti y en ti el modo más perfecto. Con tu pobre miserable corazón, Ella amará a Dios y tú serás el medio por el cual la Inmaculada Ella misma ame a Dios. Y Dios –viendo que tú eres Su propiedad, Su posesión, casi una parte de Ella, casi Su muy cariñosamente querida Madre Ella Misma– la amará a Ella en ti. ¡De qué sublimes misterios eres parte!


Tú has oído de personas infortunadas que han sufrido posesión diabólica, personas a través de quienes el diablo pensaba, hablaba y actuaba. Aquellos quienes se consagran a sí mismos a Nuestra Señora deben desear ser poseídos este mismo modo, pero por Ella, por la Inmaculada –ser ilimitadamente poseído por Ella para que Ella Misma pueda libremente pensar, hablar, y actuar a través de ellos. Tú debes desear ser Suyo hasta el punto de que nada de lo tuyo quede, ser cambiado en Ella, transubstanciado en Ella para que Ella sola quede, para que Dios no vea en ti nada que no sea Suyo. Y entonces, viéndola solo a Ella, Dios te admitirá en maravillosa intimidad con Él mismo, con cada una de las Personas de la Santa Trinidad. 


Piensa el gran gozo que llevarás al Corazón de Dios cuando Él te vea rindiéndote a ti mismo a Ella totalmente y dejándola a Ella libremente actuar en ti, y a través de Ella perteneciéndole a Él perfectamente, justo como Ella lo hizo. Tu solo deseo, así pues, debe ser ser perfectamente como Ella –transubstanciado en Ella– y pertenecer perfectamente a Ella, justo como Ella pertenece perfectamente a Dios. 


(1) San Maximiliano ama usar la palabra “transubstanciación” para expresar la totalidad de nuestra transformación espiritual en la Inmaculada. Debemos recordar, igualmente, que él usa el este término análogamente. Los cristianos no pueden ser literalmente “transubstanciados” en Nuestra Bendita Señora, y, no importa cómo de perfecta sea nuestra transformación en Ella, no ocurrirá ningún cambio real de substancia. Nosotros nunca seremos literalmente la misma persona que la Inmaculada. Cuando entendemos propiamente la analogía que San Maximiliano Kolbe está empleando, podemos mejor entender su exhortación frecuente a “dedicarnos a nosotros mismos a Ella completamente y sin ninguna limitación… tanto como para ser, algún modo, Ella Misma viviendo, hablando, y actuando en este mundo” (Carta, 28 de febrero de 1933). 


Oraciones Diarias (pp. 83–84)