SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 24 – Ama a Aquellos Que Ella Ama y como Ella Los Ama


Antes de que puedas hacer la ofrenda de ti mismo a la Inmaculada, tu corazón debe estar libre de la indiferencia y especialmente de cualquier mala voluntad o rencor hacia tu prójimo (vecino): “Si tú estás ofreciendo tu ofrenda en el altar, y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí frente al altar y ve; primero reconcíliate con tu hermano, y entonces ven y haz tu ofrenda” (Mt 5:23-24). Perdona de corazón a todos aquellos quienes te han hecho daño, pide perdón a aquellos a quienes tú has hecho daño. Pide a Nuestra Señora que te use para el bien de todas las almas, incluso aquellos quienes te han herido y aquellos a quienes tú no conoces, y muéstrate a ti mismo celoso de su felicidad, salvación y santificación. Examina tu corazón y asegúrate de que no es indiferente o incluso cerrado a cualquiera tan querido por Nuestra Señora. 


La Inmaculada es una Madre quien es toda bondad, toda ternura, toda misericordia –y piensa cómo de afortunado eres para personalmente experimentar Su bondad maternal para ti (para contigo). ¡El solo pensamiento de Su incondicional amor por ti puede tan efectivamente quitar la tristeza y el abatimiento de tu corazón, dándote esperanza y anclándote a Ella independientemente de cualesquiera tormentas que puedas estar atravesando! Cómo de consolador debería ser para ti saber que la mera invocación de Su Nombre “María” resuena profundamente en Su amoroso (amante) Corazón, siempre listo a escucharte, especialmente cuando estás en oscuridad, aridez o incluso en la infeliz situación de pecado. Y lo más infeliz que eres –incluso si has tenido la desgracia de cometer un pecado– tanto más Ella intenta envolverte dentro de su amoroso manto. 


Es con el mismo amor que Ella tiene por ti que Ella ama también a todos tus hermanos y hermanas en Cristo. Y porque los ama, tú también debes amarlos, y conducirlos a su Madre del Cielo. Recuerda tu propia experiencia: ¿no has notado una transformación asombrosa en ti desde que empezaste a rezarle a la Inmaculada? Se te ha dado la luz para guiarte fuera de la oscuridad de tus pecados, no la escondas bajo el celemín, sino hazla brillar delante de otros. 


¿No deseas para tantas almas como sea posible que vengan a experimentar el mismo amor que su Madre tiene por ellos? ¿Y puedes tú posiblemente no ser movido por el pensamiento del gozo que traerás a tu Madre del Cielo llevándole a Ella a todos Sus dispersos, solitarios, y tristes hijos a quienes encuentras, y permitirle a Ella dar amor a cada uno de ellos (bestow love upon each of them)? Piensa cuántas almas –incluso almas cristianas buenas– no conocen a su Madre, y están sin Su consolación en la vida. Tú no puedes ser indiferente a tantos hijos a quienes Ella ama tanto, por quienes Ella sufrió junta con Jesús. La gracia de la total consagración a la Inmaculada la cual tú has recibido es un don que debes compartir con aquellos que están aún sin ella. 


Así es como la Inmaculada quiere que ames, de acuerdo con el nuevo mandamiento de Su Hijo: “Amaros los unos a los otros, incluso como yo os he amado” (Jn 13:34). Si deseas ser Suyo, debes amar a tu prójimo (neighbor), y debes amarlo como a ti mismo. Y aún más que ésto: tú debes amar a tu prójimo como Cristo lo ama. 


El pensamiento de tantas almas infelices quienes no conocen ni a Ella ni a Su Hijo, quienes no saben cuánto son amados por Jesús y María, debe urgirte a trabajar por su salvación y santificación por medio del apostolado. Déjale usarte como Ella desea para llevarle almas a Ella, y a través de Ella a Jesús. Jesucristo es el único Mediador entre Dios y la humanidad, la Inmaculada es la única Mediadora entre la humanidad y Jesús, y tú puedes ser un feliz mediador entre Ella y tantas almas necesitadas y dispersas por el mundo entero (quitar entero). 


Oraciones Diarias (pp. 83–84)