SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 23 – Imita Su Modestia y Pureza


Por tu consagración a la Inmaculada, tu alma con todas sus facultades y tu cuerpo con todos sus sentidos pertenecerán a Ella. Si el cuerpo de todos aquellos quienes están bautizados es un templo del Espíritu Santo, ¡piensa con cuánta más alegría el Espíritu morará en el cuerpo de aquellos quienes se han consagrado a sí mismos sin reservas a Su Querida Esposa! “¿No sabéis que vuestro cuerpo es un templo del Espíritu Santo dentro de vosotros, el cual lo habéis recibido de Dios? No os pertenecéis; fuisteis comprados a gran precio. Así que glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Cor 6:19-20). Resuelve mostrar que perteneces a la Inmaculada glorificando a Dios en tu cuerpo, ésto es por tu conducta pura y modesta, por el modo como actúas y, también, por el modo como vistes. “Dejad que vuestra modestia sea conocida de todos los hombres” (Fil 4:4-5) –sé modesto en la elección de la ropa con la que cubres y dignificas tu cuerpo. 


Proteje la dignidad de tu persona no permitiéndote ser cosificado por otros. Nuestro Señor te dice: “No echéis las perlas a los cerdos, no vaya a ser que las pisoteen y se vuelvan a vosotros y os despedacen” (Mt 7:6). Date cuenta de que si tú no valoras tu dignidad y tu pureza –si tú no exiges respeto a ti mismo por tu vestido modesto y tu casta conducta– ambas te serán quitadas. Tú no recibirás respeto: en su lugar serás cosificado, pisoteado por las mentes lujuriosas de personas quienes no se preocupan por ti, sino que son como cerdos que atacan y despedazan. Tu dignidad es tan grande y preciosa que si tú permites que te la quiten, tú entristeces al Espíritu Santo de Dios y pecas gravemente: “Quitaros de encima vuestra vieja naturaleza la cual pertenece a vuestra anterior manera de vida y es corrupta a través de lujurias engañosas, y sed renovados en el espíritu de vuestras mentes, y poneos encima la nueva naturaleza, creada a semejanza de Dios en verdadera justicia y santidad [y] no pongáis triste al Espíritu Santo de Dios” (Ef 4:22–24.30).


Porque perteneces a la Inmaculada totalmente, tus ojos, tu mente, y tus pensamientos también pertenecen a Ella. Así pues mira a otros con pureza también –no los cosifiques por la lujuria. No seas como los cerdos que no valoran, sino que solo pisotean las perlas puestas delante de ellos. “Todo quien mira a una mujer lujuriosamente ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, arráncatelo y tíralo lejos; es mejor que pierdas uno de tus miembros que tu cuerpo entero sea echado a la Gehenna” (Mt 5:28–29). Córtate a ti mismo de cualquier cosa que te conduzca al pecado de lujuria, mejor que verte a ti mismo cortado de la gracia y caer en el pecado. Si tú fielmente mantienes la pureza de tus ojos, un día ellos verán a Nuestra Señora en el Paraíso. 


Modestia significa “rechazar descubrir lo que debe permanecer escondido. La modestia es decencia. Ella inspira la elección del vestido de uno. La modestia inspira un modo de vida que hace posible resistir los atractivos de la moda y las presiones de las ideologías prevalentes” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2521-2523). “Ciertas modas serán introducidas las cuales ofenderán mucho a Nuestro Señor.” ¿Permitirás tú que estas palabras de Nuestra Señora, dichas a Santa Jacinta de Fátima, te hablen a ti también? ¿O resistirás a la gracia y continuarás diciéndote a ti mismo que tu modo de vestir es modesto, incluso si éste descubre y atrae la atención a lo que no pertenece al público para verlo? ¿Incluso si estás permitiéndote ser cosificado? ¿Continuarás cosificando y tomando con tu mente lujuriosa lo que no te pertenece a ti?


Nuestra Señora ama la virtud de la pureza, y Ella quiere adornarte con ella, pero tú debes rezarle formalmente a Ella para recibirla y vivirla fielmente. Ésta te liberará, restaurará tu dignidad, y te dará una paz que el mundo no puede dar, trascendiendo incluso aquello lo cual él puede imaginar (cf. Fil 4:6).


Oraciones Diarias (pp. 83–84)