SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 22 – Tus deberes en la vida y su voluntad para ti


La Iglesia nos enseña que ve a María como a su modelo, porque ve en Ella –sin mancha o arruga– toda la perfección a la cual está llamada. La Iglesia vuelve los ojos a María que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como el modelo de las virtudes (cf. Concilio Vaticano Segundo, Lumen Gentium (65). 


Ella es un verdadero modelo, pero no solo un modelo pasivo. Ella es un modelo vivo, un modelo maternal, una maestra de la virtud. Todo sobre Su vida es una lección para ti. Consecuentemente no puedes fallar en cuidadosamente estudiar y meditar Su vida y notar cómo la mayoría de ésta es escondida, vivida silenciosamente al lado de Jesús en la casa santa de Nazaret. Debes estudiarla e imitarla incluso en esta vida escondida de Ella, la cual ocupó la mayor parte de Su tiempo aquí en la tierra. 


Por su callada fidelidad a los deberes de Su vida –desapercibida por el mundo pero vista por Dios– Ella es para ti un admirable ejemplo de cómo llegar a la santidad por la fidelidad a tus propios deberes, especialmente los escondidos, los cuales sólo Dios ve. La Iglesia nos enseña a no pasar por alto las maravillas que Dios hizo en lo escondido de la vida de la Inmaculada: “Recordemos que la perfección de María, llena de gracia, es proclamada por el ángel dentro de los muros de Su casa –no en la plaza principal de Nazaret, mas allí, en lo escondido, en la mayor humildad… Dios quiere hacer cosas grandes con nosotros en nuestras vidas diarias: ésto es, en nuestras familias, en el trabajo, en los entornos de todos los días” (Papa Francisco, Angelus, 8 de diciembre de 2021).


Si tu deseo de pertenecer a Nuestra Señora es auténtico, debes desear ser santificado del mismo modo que Ella lo fue, ésto es en tu vida ordinaria. No esperes que tu Madre del Cielo te obtenga grandes gracias si tú rehúsas aceptar las gracias pequeñas: “Aquel quien es fiel en lo poco es fiel en lo mucho; y aquel quien es deshonesto en lo poco es deshonesto en lo mucho” (Lc 16:10). No esperes hacerte santo si fracasas en darte a ti mismo con todo tu corazón a cumplir tus obligaciones por amor a Nuestra Señora: tus deberes en tu familia, en tu trabajo, en la escuela, en la iglesia, etc.


Lal consagración a la Inmaculada te eleva y te santifica en el propio estado de vida en el que tú estás –soltero, casado, o consagrado a Dios– con todas las obligaciones y deberes para con Dios y el prójimo, grandes y pequeñas. Pero ningún estado de vida, no incluso el más santo, es una garantía de santidad si tú descuidas tus deberes de ese estado. En estos deberes, tú debes ver la segura voluntad de la Inmaculada para ti. En su cumplimiento tú debes ver la prueba de tu amor a Ella, y, por Ella, a Dios. Ella no estará contenta con siquiera las acciones más santas que puedas hacer –como la oración y la penitencia– si éstas son un obstáculo al cumplimiento de tus deberes.


Busca así pues no hacer cosas extraordinarias por un disfrazado amor propio, sino sé fiel a tus deberes ordinarios por auténtico amor a Ella. Nunca olvides que la santidad no consiste en acciones extraordinarias, sino en acciones ordinarias, incluso las no notadas por nadie, hechas por amor a tu Padre que ve en lo oculto. Así es como la Inmaculada vivió y así tú debes vivir también, ¡si deseas ser verdaderamente Suyo!


Oraciones Diarias (pp. 83–84)