SECCIÓN


Tercera Semana – Sé Como Tu Madre



Día 21 – Una firme resolución de imitar a la Inmaculada


Tú no puedes ser santo en un instante y sin esfuerzo. Tú debes despacio (poco a poco) tomar las virtudes de Nuestra Señora para ser el santo que eres llamado a ser. Los actos de virtud requieren repetición hasta que se convierten en tu patrón de conducta estable, hasta que el vicio es enteramente extirpado. Debes acostumbrarte a intentarlo una y otra vez hasta que todo tu patrón de conducta sea virtuoso y santo, hasta que seas firmemente establecido en hacer el bien y evitar el mal. 


Una vez estés consagrado a la Inmaculada, no serás como Ella instantáneamente –tus muchos malos hábitos permanecerán en ti para que combatas con ellos, y tú tendrás que trabajar para reemplazarlos con las virtudes de Nuestra Señora. Así pues no seas sorprendido de que, incluso cuando ya pertenezcas a Ella, inicialmente caerás aún. Pero está seguro de que lo harás menos frecuentemente, menos gravemente, y te levantarás más prontamente, superarás la tentación más fácilmente, perseverarás más seguramente. 


Pertenecer a la Inmaculada significa el esfuerzo constante de actuar como Ella, hablar como Ella, intentándolo una y otra vez sin desanimarte. Debes perseverantemente intentarlo hasta que lo consigas, sabiendo que Nuestra Señora está contenta contigo por cada esfuerzo sincero que haces, incluso si esos esfuerzos frecuentemente fracasan y tú sigues descontento contigo mismo. 


El verdadero dolor con el que Nuestra Señora desea llenar tu alma no consiste en quedarte en tu descontento contigo mismo, o en estar triste o desanimado, sino más bien en una firme resolución de volver a tu Madre con aún más confianza, buscando más aún agradarle con tu acción siguiente. Nuestra Señora es capaz de santificarse más de lo que tú eres capaz de pecar, y por esta razón no debes desanimarte. Mientras que tu mente permanezca hecha y tus esfuerzos sean constantes, Nuestra Señora te hará un santo. Incluso si tus pecados parecen persistir y tú piensas que no se irán nunca, si continuas teniendo recurso a Ella, Ella te conducirá a la victoria. Ella te dará Sus virtudes –especialmente su humildad– y tú despacio (poco a poco) las imitarás todas y las reproducirás dentro de ti. 


Como un hijito que corre a su madre en todo lo que le pasa, bueno o malo, así también tú debes constantemente correr a Ella. Rézale siempre con tus labios y con tus pensamientos, y experimentarás dentro de ti cómo la Inmaculada tomará mayor posesión de tu alma, cómo tu pertenecer a Ella se profundizará más y más en todo. Notarás que tus faltas se debilitan y desvanecen, al paso que Ella gentilmente y poderosamente te atrae más y más cerca de Ella. 


Oraciones Diarias (pp. 83–84)