SECCIÓN


Tercera SemanaSé Como Tu Madre



Día 20 – No Puedes Pertenecer a Ambos Ella y el Mundo


Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo.

— Mateo 6:24


No puedes amar a la Inmaculada y amar vivir en pecado al mismo tiempo. Amarla significa odiar el pecado. Amar el pecado significa odiarla a Ella. 


Tu Bautismo te ha hecho un hijo de Dios y un hijo de María. Te ha liberado del pecado y de la esclavitud de satán. Te ha separado del mundo, y tú ya no perteneces más a éste. Por esta razón el Espíritu Santo te dice: “No ames el mundo y las cosas del mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que es en este mundo, la lujuria de la carne y la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida (revisar), no es del Padre sino que es de este mundo” (1 Jn 2:15–16). Tu consagración a Nuestra Señora Bendita no estaría agradando a Dios o a la Ella si fuera mundana, ésto es, si no implicase una batalla contra el mundo y un esfuerzo para vivir una vida santa. Sería una falsa consagración y una devoción falsa. 


Nuestra Bendita Señora desea que tú vivas tu consagración a Ella en el mundo, pero Ella no desea que seas del mundo. No intentes ocultar comportamientos mundanos como el orgullo, el egoísmo, la codicia, la lujuria, la borrachera, la ira, el maldecir, el cotilleo, la calumnia, la injusticia y otros vicios bajo el nombre y la apariencia de pertenecer a la Inmaculada. Tus acciones deben estar de acuerdo con tus palabras: tu fórmula de consagración a Nuestra Señora no puede esconder tus acciones pecaminosas a los ojos de Dios. No te engañes a ti mismo y pienses que porque te has dado a ti mismo a Nuestra Madre Bendita, tienes de algún modo derecho a amar el mundo sin remordimiento y esperar ser perdonado de todos modos. No vivas tranquilo en tus malos hábitos, sin hacer ningún esfuerzo para corregirlos, creyendo que tu Consagración a Nuestra Señora te da esta clase de libertad. No te engañes a ti mismo con pensar que puedes burlarte de Dios, que Él perdonará tales presuntuosos pecados, y que tú no morirás sin confesión y no serás perdido por toda la eternidad. 


Para pertenecer verdaderamente a Nuestra Señora, es necesario estar genuinamente determinado para evitar todo pecado mortal y todo pecado venial deliberado, así como practicar la autodisciplina para evitar el pecado y las ocasiones innecesarias de pecado. La consagración a Ella requiera hacerte violencia a ti mismo, dominando los deseos malos de tu naturaleza caída por la gracia del Espíritu, porque como el Señor dice: “El Reino de Dios sufre violencia, y los esforzados lo conquistan” (Mt 11:22).


Nuestra señora quiere liberarte de la esclavitud de los pecados que el mundo ama. Recuerda siempre: hay una cosa que no puede pertenecer a Ella o ser Su propiedad, y ésta es el pecado. Resuelve pelear incansablemente contra el pecado e implora Su ayuda. Ella quiere que tú Le pertenezcas a Ella, no al mundo, y que experimentes la libertad de los hijos de Dios. Ella es capaz de convertir incluso al alma más tibia y al pecador más endurecido. Si pasase que eres uno tal –tibio o teniendo problemas con el pecado mortal (struggling with)– sabe que Ella es la Madre del Dios Todopoderoso, más grande que tus mayores pecados. Mientras perseveres en tus esfuerzos sinceros, Ella te obtendrá la gracia de no vivir más complacidamente en el estado de pecado, sino arrepentirte y ser perdonado, vencer tus malos hábitos, y crecer en la gracia hasta que alcances la plenitud de la gracia a la que eres llamado por Dios. 


Oraciones Diarias (pp. 83–84)