SECCIÓN


Segunda Semana – Acógela En Tu Casa



Día 18 – Ama Su Rosario y Rézalo Todos los Días


Nuestra Señora ama escuchar a Sus hijos recitar la oración del Santo Rosario, y en Sus muchas apariciones Ella nos ha pedido repetidamente que lo recemos todos los días. En Lourdes de un modo particular Nuestra Santísima Madre mostró su especial amor por esta plegaria (oración). Mientras que Bernadette rezaba el Rosario durante la aparición de Nuestra Señora, arrodillada delante de Ella en la gruta, Ella amorosamente escuchaba y recorría las cuentas con sus dedos, recitando el Gloria junto con la pequeña Santa. 


Piensa profundamente y date cuenta qué desea enseñarte Dios a ti por esta aparición de Su Madre rezando el Rosario con Santa Bernadette: para entrar profundamente en los misterios de la vida de Jesús, desde Su concepción todo el camino hasta el momento cuando Él coronó como Reina a Su Madre, debes contemplar estos misterios con María, diciendo y repitiendo el “Ave María.” Tú debes recordar y meditar estos misterios con Ella, quien fue la primera en haberlos ya ponderado en Su propio Corazón. Durante la vida terrena de Su Hijo, Ella Lo vio y a menudo habló con Él, y después de Su Ascensión, Ella continuó ponderando todo en Su Corazón hasta Su propia Asunción al Cielo. Todas las meditaciones que puedes hacer sobre Jesús fueron hechas por Ella tiempo atrás. Si meditas con Ella ahora Ella te guiará para entender, sentir, y anhelar lo que Ella entendió, sintió, y anheló. Ella compartirá sus propias experiencias contigo, y tú verás a Jesús a través de Sus ojos y Lo amarás con Su Corazón. ¿Te das cuenta ahora de por qué la Inmaculada espera de un modo muy especial verte rezar el Rosario diariamente? Ella quiere enseñarte y formarte por esta oración. Así pues, si tú deseas pertenecer a Nuestra Señora totalmente y ser moldeado por Ella como Su posesión y propiedad, debes amar Su Rosario y rezarlo todos los días. 


La Iglesia desea que tú seas consciente de que si quieres conocer a Jesús y amarlo profundamente, tú debes estudiarlo a Él y Sus misterios en la escuela de María (cf. San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, 16 de octubre de 2002). Nadie en el mundo conoció a Jesús como Ella lo hizo, y, por eso, nadie es mejor profesor y guía para hacer que Jesús sea conocido; nadie es igual a Ella en unirnos a nosotros a Jesús (San Pío X, Ad diem illum, 2 de febrero de 1904). Por la meditación frecuente de los misterios de la vida de Jesús y María, tu alma, poco a poco, y sin que tú ni siquiera te des cuenta, absorberá las virtudes que éstos contienen; tú serás encendido con un anhelo de las cosas inmortales y más fácilmente impelido a seguir el mismo camino el cual Cristo Él Mismo y Su Madre han seguido. La recitación de fórmulas idénticas, repetidas tantas veces –más bien que hacer tu oración estéril y aburrida– despertará, al contrario, confianza en tu cansado corazón y ejercerá una suave compulsión sobre el Corazón maternal de tu Madre (cf. Pío XII, Ingruentorum Malorum, 15 de septiembre de 1951). 


El Santo Rosario es un modo fácil de estar unido a la Inmaculada, de pedirle gracia, de ser enseñado por Ella, transformado por Ella en Cristo. Si tú rezas el Rosario todos los días puedes estar seguro de que, a pesar de la gravedad de tus pecados, recibirás la corona de gloria inmarcesible (1 Pe 5:4). Incluso si tú estás ahora tibio y carente de fervor, o, peor aún, incluso si estás luchando con el pecado mortal y al borde de la condenación, incluso si tienes un pie en el infierno, incluso si te has alejado de la Fe verdadera, o estás atado por  adicciones o malos hábitos, incluso si has ido tan lejos como vender tu alma al demonio –tarde o temprano serás liberado, enmendarás tu vida y salvarás tu alma, si tú rezas el Santo Rosario devotamente todos los días hasta la muerte, por el propósito de conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de tus pecados. 


¿Empezarás a rezar el Rosario hoy? ¿O, si ya lo rezas, harás el esfuerzo para rezarlo mejor, con más reverencia, atención y devoción?


Oraciones Diarias (pp. 81–82)