SECCIÓN


Segunda Semana – Acógela En Tu Casa



Día 17 – Pídele Gracia y la Recibirás


En diferentes épocas y en toda clase de necesidad a través de la historia, Nuestra Señora ha siempre estado ayudando a sus hijos a alcanzar su objetivo final, su salvación. Si todas las almas quienes han ya acabado su peregrinaje terreno pudieran hablar, incontables volúmenes serían escritos sobre las maravillas de la gracia que esta Madre amorosa ha hecho en sus vidas. Pero incluso estos muchos volúmenes contendrían solo una pequeña fracción del cuidado tierno de esta buena Madre para con sus hijitos. Ésto es así porque todas las gracias vienen a nosotros de Ella, incluso aquellas de las que no somos conscientes –y piensa sólo cuán a menudo la Inmaculada necesita intervenir por ti sin que tú siquiera te des cuenta de los peligros en los que estás metido. 


En tiempos recientes, Nuestra Señora ha dado al mundo un recordatorio tangible de Su mediación universal de la gracia: la Medalla Milagrosa. Ella Misma se apareció a Santa Catalina Labouré en una visión sobrenatural, enseñándola el patrón de la medalla y pidiéndole que fuese acuñada acordemente, como había sido vista por la santa. A todos quienes la llevarían alrededor del cuello, Nuestra Señora prometió especiales gracias y bendiciones, y la historia rápidamente probó cómo de verdadera la promesa de Nuestra Señora era, mereciendo para la medalla el nombre de “milagrosa”.


En esta medalla, las manos de Nuestra Señora están abiertas y rayos luminosos de luz se derraman de anillos en Sus dedos, para mostrar al mundo que Dios quiere dar la gracia, y que quiere darla a través de María. Pero no todos los anillos dan una luz espléndida: algunos no dan ninguna. Cuando Santa Catalina Labouré preguntó a Nuestra Señora por el significado de este detalle de la visión santa, Ella le explicó que hay algunas gracias que Ella nunca las dispensa porque nadie las pide. Los anillos que no dan luz simbolizan riquezas de gracia que nunca llegan a las almas para quienes están destinadas, porque estas almas no rezan por ellas. Nuestra Señora siempre tiene gracias disponibles para ti para todas tus necesidades, pero Ella no es capaz de dártelas si Ella no te escucha a ti pidiéndolas y deseándolas. Debes, pues, pedirlas con confianza –ambos para ti y para otros. 


Lleva la Medalla Milagrosa con fe y compártela con otros. Aprende a rezar la simple oración que Nuestra Señora nos enseñó: “Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que tenemos recurso a ti.” Rézala por ti y por otros, especialmente aquellos quienes más necesitan gracia y misericordia: por los masones y todos los otros enemigos de la Iglesia, por los herejes y por los cismáticos y por todos aquellos quienes están en algún modo lejos de Dios. Esta buena Madre puede hacer milagros de gracia si sólo una persona acepta Su medalla y acepta llevarla. Lo más mínimo de (la más mínima) buena voluntad es suficiente para Nuestra Señora para entrar en un alma y colmarla de gracia y bendiciones que sobrepasan toda expectación. 


La Iglesia, así pues, no duda en aplicar a la Santísima Virgen María las palabras de la Escritura: “Dichoso el hombre que me escucha, velando cada día a mis puertas, esperando junto a mis puertas. Porque el que me encuentra, encuentra la vida y alcanza el favor del Señor” (Prv 8:34–35). 


Rézale a Ella a menudo y ve cómo de verdadera la Palabra de Dios es: “Todas las cosas buenas me llegaron (vinieron) con Ella, y en Sus manos incontables riquezas.” (Sab 7:11).


Oraciones Diarias (pp. 81–82)