Segunda Semana – Acógela En Tu Casa
Día 16 – Reza a tu Madre
Orad, para no caer en tentación... es necesario orar siempre, sin desfallecer
— Lucas 22:40; 18:1
En todos los momentos de tu vida, tú puedes elegir ser fiel o infiel a la gracia, ser fervoroso, tibio o frío; debes elegir, o aceptar la gracia de Nuestra Señora, o rechazarla. Tú no puedes predeterminar tu libre voluntad antes de tiempo, y tus muchos fracasos para llevar a cabo tus buenas resoluciones son prueba de ésto. Como todo el mundo, tú debes perseverar hasta el final por la oración continua, incesantemente pidiendo la perseverancia en hacer el bien y evitar el mal, siempre pidiendo y recibiendo de la Inmaculada las gracias que necesitas para cada momento del día. La gracia que necesitas para ser salvado y santificado –especialmente la perseverancia final– no puede ser merecida, y así pues debe ser obtenida por la oración.
Piensa: un pecado es suficiente para condenar incluso a un santo. Debes pues estar en guardia para no caer nunca en presunción y nunca dar tu perseverancia final por hecha. Pero sabe también y está seguro de que un acto de arrepentimiento es suficiente para justificar incluso al mayor pecador, y por esta razón no debes nunca desesperar de ti mismo ni de ningún otro.
Para permanecer fiel a la gracia de Dios en todas las circunstancias de la vida, busca entrar en verdadera comunión de alma con la Inmaculada, y permanecer en esa constante unión por la oración incesante. Nunca dejes de contar a tu Madre qué está pasando alrededor de ti y dentro de ti, y tu vida entera se convertirá en una oración a Ella. Recuerda Su presencia y consulta con Ella en todas tus acciones, vuélvete a Ella en todas tus dificultades y perplejidades, rinde todas tus ansiedades a Ella. Únete a ti mismo a Ella en todas las incontables emociones de tu alma, sean buenas o malas, agradables o dolorosas. Cuéntale no solo tus profundas emociones sino incluso las simples impresiones y reflexiones que tus ocupaciones diarias sugieren. ¿No sienten todos los niños la necesidad de compartir sus experiencias con sus madres? ¿Y no eres tú verdaderamente su hijito, y Ella tu Madre? Si verdaderamente crees esto, debes, pues, ¡vivir tu vida acordemente!
Hay solo una señal segura de tu perseverancia en la gracia y futura santidad, y ésta es la continua unión con Nuestra Señora por la oración. ¿Serás fiel a la oración? ¿O seguirás descuidándola? Este preciso momento (instante), rompe el hábito de atrasar tu verdadera conversión hasta un mañana que nunca viene y vuélvete a la Inmaculada con San Alfonso, diciendo: “Mi queridísima Madre, dame la voluntad de rezarte a ti siempre. Yo sé que tú eres muy buena, tan buena que si Tú fueras a verme descuidar la oración culpablemente, me forzarías a rezar sólo para no verme perdido.” El continuo recurso a Nuestra Señora es la suma y conclusión de toda la teología de este gran Doctor de la Iglesia.
¡Qué importante verdad para nosotros! Nuestra eterna salvación y santificación dependen del continuo recurso a nuestra Madre espiritual, de quien recibimos toda gracia de Dios. Cómo deberías agradecer a Dios por darte un modo tan bello y fácil de salvar tu alma e incluso de ser un santo, un gran santo. ¡Cómo deberías desear rezarle a Ella siempre y desarrollar este hábito durante tu vida, para que puedas practicarlo también en el momento de tu muerte!