Segunda Semana – Acógela En Tu Casa
Día 15 – Conoce a tu Madre
María, tu Madre del Cielo, te conoce y te conoce perfectamente, porque Ella ve en ti en la Visión Beatífica de Dios en el Cielo. Ella no te ignora y tú estás mucho en Su mente, incluso este preciso instante. Contemplando a Dios, todo lo que concierne a Ella como la Madre de los hombres y la Mediadora (o Medianera) de Todas las Gracias es revelado por Él a Ella. Dios Él Mismo comparte Su propio conocimiento con Ella para que nada que Su maternal Corazón deba saber sobre ti le quede escondido a Ella.
Porque tu Madre te conoce y te ama y nunca para de pensar en ti, tú debes honrarla frecuentemente pensando en Ella y devolviéndole amor (revisar). Ahora, tú no puedes amar sin conocer, y no puedes conocer sin aprender. Por esta razón, tú no puedes responder a Su amor por ti sin hacer esfuerzos para aprender sobre Ella.
Para aprender sobre Ella, debes leer sobre Ella en buenos libros, escuchar sobre Ella en sermones devotos y en retiros. Debes estudiar Su presencia y su acción en las vidas de los santos y en sus escritos. Es bueno leer libros, especialmente aquellos escritos por santos, y no sólo una vez, sino múltiples veces, meditándolos una y otra vez. San Luis de Monfort él mismo reconoció que él no entendía muchas de las cosas que escribió, lo cual significa que lo hizo bajo la inspiración de Nuestra Señora. Ésto significa también que Ella misma revelará cosas escondidas a aquellos que devotamente lean lo que Ella inspiró a Sus siervos para escribirlo (para que lo escribieran). San Maximiliano, más aún, nunca se cansaba de repetir que las vastas profundidades del misterio de la Inmaculada Concepción aún siguen largamente escondidas y que sólo serán reveladas a aquellos que humildemente busquen y recen por entender.
Tú debes recordar, igualmente, que la primera y más esencial cosa en buscar conocer a la Inmaculada es la profunda humildad. Humildad significa que debes reconocer (o ver, o darte cuenta de) quién eres tú y quién es Ella. Tú, un pecador, –Ella, la Inmaculada, sin mancha, sin ningún pecado. Si te pones delante de Ella (en Su presencia) como un pecador indigno, confiado en Su bondad y no en la tuya– sólo entonces puedes esperar obtener la gracia de conocerla y amarla. “Dios se resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes” (1 Pe 5:5).
Cuando leas sobre Ella, siempre recuerda que tú estás entrando en contacto con una Persona viva. Eleva tu mente y rézale a Ella durante tus estudios. Mortifica tu curiosidad de cosas que sólo te distraen y no te ayudan a conocerla –una penitencia tal purifica la mente y el corazón para hacerlos capaces de ver y entender con mayor claridad.
Y cuando sea que tu mente no entienda, estudia más, reza más y nunca te canses (de ello). Consulta a personas conocedoras y a devotos servidores de la Inmaculada, pero, sobre todo, vuélvete a Ella con tus preguntas y pídele luces, y Ella misma te dará el conocimiento que conduce al amor.