Segunda Semana – Acógela En Tu Casa
Día 14 – Tu Total Dependencia de María
La Inmaculada es mucho más una Madre para ti incluso que tu madre de la tierra, porque tú dependes de Ella mucho más que lo que dependes de tu madre en la tierra. De hecho, tú dependes de ella en todos y cada uno de los momentos de tu vida espiritual, para cualquier gracia y todas las veces, sin excepción.
Las cosas no son iguales con la vida espiritual que lo son con la vida biológica. Un bebé, una vez nacido, podría vivir su propia vida sin su madre de la tierra como un pequeño huérfano (si, por ejemplo, una madre heroica debe ofrecer su vida durante el parto de su hijito, como muchas madres santas han hecho). Pero tú no puedes vivir tu vida espiritual sin tu Madre del Cielo ni siquiera por un instante. Ésto es porque Ella está mediando para ti la gracia que necesitas para ser un hijo de Dios en cada instante, y, sin Ella, Dios no dará su gracia a nadie. Si, así pues, tu alma alguna vez rompe su unión con Ella, ésta deja de vivir.
Piensa un momento que, si pasase que tú deseases dejarla, y si pasase que Ella fuese a dejarte ir de Sus manos inmaculadas un solo instante, que caerías inmediatamente en pecado, y en el más grave de los pecados. Sin Ella, tú no tendrías ningún sitio al que ir excepto lejos de Dios, tu fuente de Vida Divina, hasta que te vieras a ti mismo eternamente separado de Él en las profundidades del infierno. El solo pensamiento de esta posibilidad debería llenar tu alma con miedo y hacerte volverte a Ella para implorar ayuda, como los niños santos de Fátima hicieron cuando les fue permitido ver el infierno, adonde las almas de los pobres pecadores van. Es para salvarlos –para salvarte– que Dios desea establecer la devoción a Su Madre Inmaculada en el mundo. ¡Ella no te soltará un solo momento si tú vuelves a Ella siempre!
Une tu alma a la Suya y no dejes que nada te separe de Ella. Una vez que aprendes a mantener tu alma unida (o atada) a tu Madre del Cielo por el recurso continuo y la oración a Ella, has aprendido el secreto y la condición fundamental de la vida espiritual. Consuélate sabiendo que tú puedes ser de Ella siempre y en todo lugar, porque nada fuera de ti podrá separarte de tu Madre del Cielo: ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada; ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni cosas presentes, ni futuras, ni poderes, ni altura, ni profundidad, ni cualquier otra cosa en toda la creación.
Sólo tu libre voluntad (o tu libre querer) y tu decisión deliberada de pecar podría separarte alguna vez de la Inmaculada. Tu libre voluntad es un poder tan grande y aún una tan grande debilidad: puede unirte a Ella, o puede separarte. ¿Puedes posiblemente confiar en ti para siempre usar tu libre voluntad sabiamente? Haz como los santos hicieron y no pongas confianza ninguna en ti, sino ruégale a Ella para que te quite tu libre voluntad si estuvieses para intentar abusar de ella para pecar contra Dios. Y si estuvieses para intentar soltarte de Sus manos inmaculadas, ruégale que Te fuerce –incluso si te duele y aún si protestas– para que no haciendo caso alguno de ninguna de tus resistencias, Ella pueda apretarte más fuerte contra Su Corazón.