SECCIÓN


Segunda Semana – Acógela En Tu Casa



Día 13 – Tu Verdadera Madre en el Orden de la  Gracia


Si te paras a pensar y a contemplar la belleza de la maternidad como Dios la ha creado, verás claramente que una y la misma madre nunca da a luz la cabeza de un niño separadamente de los miembros, ni los miembros separadamente de la cabeza. Así también, en el orden de la gracia, la cabeza y los miembros son nacidos juntos de la misma madre. 


En el orden de la gracia, Cristo es la Cabeza de todos aquellos quienes unidos a Él son llamados a Su Cuerpo Místico. Ahora, Nuestra Señora es la Madre de Cristo entero, cabeza y cuerpo, no sólo una parte de Él. Ella es así pues Madre de ambos la Cabeza del Cuerpo Místico–Jesús mismo–y todos los miembros de ese Cuerpo, los miembros de la Iglesia, y de ti en particular. Se sigue que la Inmaculada se convirtió en tu Madre en el mismo momento que se convirtió en la Madre de Jesús. La Iglesia de hecho nos enseña que “los dos nacimientos de la Cabeza y del Cuerpo son distintos pero contemporáneos: ’el nacimiento de la Cabeza es el nacimiento del Cuerpo’” (San Pío X, Ad diem illum, 2 de febrero de 1904).


Ahora piensa cuidadosamente sobre ello: si Jesús y tú tenéis la misma Madre, entonces vosotros sois verdaderos hermanos. Ésto es lo que la mediación de Nuestra Señora significa: Ella une a Dios y al hombre, Ella os unió a Jesús y a ti, Ella os hace hermanos. Ella media la misma vida de Jesús a ti para hacerte un hijo de Dios como Él es. ¡Tú no recibes ninguna gracia sin Ella! Ahora, dado que la gracia es siempre una participación en la naturaleza divina y en la vida misma de Dios, si piensas detenidamente sobre ésto, verás la bella conclusión fácilmente: Nuestra Señora no puede ser para ti una Mediadora de la vida divina de otro modo que siendo tu Madre. Tú estás unido a Jesús y recibes la Vida de Dios dentro de ti solo a través de tu Madre–justo así como recibes la vida y la naturaleza de tu padre de la tierra a través de tu madre de la tierra. 


Pero hay un misterio grande y consolador escondido dentro de este plan de Dios, el cual hace la Maternidad Espiritual de Nuestra Señora incluso más asombrosamente bella: mientras que tu padre de la tierra no pudo darte su vida de otro modo que a través de tu madre, tu Padre del Cielo en Su omnipotencia sí pudo, pero no quiso. Él no quiere que seas un huérfano y te ha dado, por tanto, una Madre espiritual. Por esa razón la Iglesia no duda nunca en decir y repetir: “¡No podemos ser cristianos sin ser marianos!” (San Pablo VI, Homilía, 24 de abril de 1970). 


La Iglesia enseña que esta verdad consoladorísima, la cual, por la elección libre de Dios infinitamente sabio (omnisciente), es una parte integrante del misterio de la salvación humana, y así pues debe ser creída con Fe divina por todos los cristianos (cf. San Pablo CI, Signum Magnum, 13 de mayo de 1967). Toma esta verdad en serio, mantenla y profésala con todo tu ser, ¡y sé consolado de ser un verdadero hijito de Dios y un verdadero hijito de María! 


Oraciones Diarias (pp. 81–82)