Primeros Cinco Días – A No Ser Que Te Hagas Como Un Niño
Día 1 – Infancia Espiritual
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos.»
– Mateo 18:1-4
Cuando Nuestro Señor habló estas palabras santas, Él pensó en ti. Él tenía en Su Mente un Padre específico para ti, Su propio Padre, Aquél Quien está en el Cielo. Él también tenía en Su Mente una Madre específica para ti, Su muy propia Madre, María. Él la proclamó a Ella para ti públicamente desde la cruz, antes de morir, diciendo: “He aquí a tu Madre” (Jn 19:27). Pero Él te hizo a ti el hijo de Ella ya desde la Anunciación y la Encarnación.
Jesús y tú sois miembros de la misma familia: Él es tu hermano, porque vosotros ambos tenéis los mismos Padre y Madre (el mismo Padre y Madre). Jesús –el Hijo de Dios y el Hijo de María– quiere que te hagas perfectamente como Él: un hijito de Dios y un hijito de María. Si tomas cuidadosa nota de que a Nuestro Señor le gusta (le encanta) llamarse a Sí el “Hijo del hombre” en los santos Evangelios, entenderás que éso es porque a Él le gusta (le encanta) recordarte Su concepción virginal y su nacimiento de María. Regocíjate en esta gracia, la cual Él la ha pensado para compartirla contigo.
La Iglesia nos enseña que ya desde que la Segunda Persona de la Santa Trinidad se hizo hombre y nuestro hermano en el seno de María, cualquier relación con Él y Su Padre implicará una relación de Madre-hijo con María igualmente (cf. S. Juan Pablo II, Homilía, 30 de noviembre de 1979). Si, pues, tú deseas ser un verdadero hijo de Dios y un heredero del Reino de tu Padre Celestial, debes amar a tu Madre espiritual, y debes amarla como Jesús La ama.
Piensa qué regalo especial Nuestro Señor quiere otorgarte: “Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos” (Mt 18:1-4). Él quiere darte la gracia de la perfecta infancia espiritual, y, así pues, darte el más grande y más especial lugar en Su Reino, cerca de la Madre del Cielo de Él y tuya. ¡Qué gozo debe llenar tu corazón ante este asombroso pensamiento de la bondad de Jesús para contigo!