SECCIÓN

¿Quién sois Vos, Oh Inmaculada?



Oh Inmaculada, Reina de Cielo y tierra, yo sé que soy indigno de aproximarme a Vos –de caer sobre mis rodillas ante Vos con mi frente hacia el suelo. Pero porque yo sé de Vuestra bondad y amor por mí, y porque deseo amaros a cambio, os suplico que seáis tan buena como para permitirme acercarme a Vos, y os imploro que me digáis quién sois Vos, para que yo os conozca y os ame aún más. Deseo conoceros aún mejor, sin límites, y amaros incluso más fervientemente sin reserva. 


Vos sois la Inmaculada Concepción, la Inmaculada, y éste es verdaderamente Vuestro nombre, un nombre por el cual Vos amáis ser llamada. Es un nombre único de Vos y de Vos sóla. Vos no sois Dios o un ángel, ninguno de los cuales son concebidos. Vos sois de hecho una concepción humana real –concebida por Vuestros santos padres, Joaquín y Ana. Pero tampoco sois vos una mera hija de Adán, porque aunque todos ellos son concebidos, ellos igualmente no pueden ser llamados inmaculados. Vos y Vos sóla sois la Inmaculada Concepción, la Inmaculada. 


Las palabras humanas no bastan para hablar de Vos –porque incluso los más elevados no están nunca libres de imperfección– mientras que Vos sois simplemente inmaculada, sin ninguna arruga o imperfección, toda bella y llena de gracia. Nuestro conocimiento humano sobre Vos es así pues aún tan deficiente. Vos sóla debéis revelaros a Vos Misma a nuestras almas para que os conozcamos como realmente sois. 


Os llamamos Señora, pero ésto no es suficiente para expresar quién sois Vos para nosotros. Os llamamos Reina, como de hecho sois, pero ésto también es demasiado pequeño. Nos atrevemos a llamaros Madre, pero ni siquiera ésto basta. Os llamamos todas estas cosas, y Vos sois todas ellas –pero ninguna de ellas, ni siquiera tomadas todas juntas, expresas lo que Dios os ha hecho, y Quién sois Vos para nosotros. 


Deseo conoceros, Oh Inmaculada, porque deseo amaros y agradeceros por todo lo que Vos sois. Yo deseo darme a mí mismo a Vos totalmente y enteramente –con mi alma, mi cuerpo, mi todo– tanto como para expresar mi gratitud para con Vos por lo que Vos sois para mí. 


Con suspiros así pues espero el día cuando todas las cosas se harán conocidas, cuando nuestro buen Señor me mostrará todo lo que Vos habéis sido para mí en la vida, cuántas gracias desconocidas habéis obtenido para mí para formarme en Cristo, Vuestro Hijo primogénito. Deseo ser Vuestro, pertenecer ambos en la tierra y en el Cielo, y alabaros, y junto con Vos, alabar y amar a Dios por toda la eternidad. Amén.