SECCIÓN


Primera semana – Ven Al Trono De La Gracia



Día 9 - Obras De La Gracia y Obras De La Carne


Dame, hijo, tu corazón, y que tus ojos guarden mis caminos.

Proverbios 23:26


La Iglesia pone éstas palabras de la Escritura en los santos labios de Nuestra Madre Bendita, quien nos dice: "Dame tu corazón, dame tu libre albedrío, une tu voluntad con la mía porque yo no quiero nada más para ti que la voluntad de mi Hijo, y por esta razón te digo ésto: 'Haced lo que Él os diga (Haz lo que Él te diga)'"  (Jn 2:5). 


Pero recuerda que tanto la gracia como el pecado pueden entrar por el mismo corazón, y éso es por medio del libre albedrío. Si tu corazón no está consagrado a la Inmaculada, el pecado entrará en él. Si no vives tu consagración fielmente –si no buscas hacer todo pensamiento, palabra y acción Suyos– el pecado entrará en tus pensamientos, palabras, y acciones. Debes darte cuenta de tu responsabilidad y escoger sabiamente cuáles deseos dejas entrar en tu corazón. 


El corazón humano no puede servir a dos señores, y así pues no puede contener ambos la gracia y el pecado –uno es incompatible con el otro. El pecado mortal (esto es cualquier transgresión de la ley santa de Dios en una materia grave, con plena advertencia y consentimiento deliberado) repele toda gracia del corazón; mientras que el pecado venial –especialmente cuando es plenamente deliberado– sofoca esa gracia y la previene de lograr aquello para lo que te fue dada. 


No puedes tener ambos la gracia y el pecado. O tu corazón amará y perseguirá las obras de la gracia –amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza, autodominio– o amará y perseguirá las obras del pecado –fornicación, impureza, licenciosidad, idolatría, brujería, enemistad, contienda, celos, ira, egoísmo, disensión, espíritu de partido, envidia, borrachera, juerga, y similares. Si son las obras del pecado las que aún deseas, pondera las palabras santas de Dios para ti: quienquiera que haga tales cosas no puede entrar en el Reino de Dios (cf. Gal 5:22).


Si quieres que tu corazón le pertenezca a Ella, debes estar preparado para pelear contra tus pecados: contra todo pecado mortal y venial deliberado. El pecado es la única cosa que Nuestra Señora no puede llamar Suya y que no puede ofrecerla a Dios: debes aceptar dejarla que te libere de él si deseas ser Suyo. Dale tu corazón, y Ella lo apartará del pecado. 


No estés asustado o desanimado por la batalla que debes librar: la Inmaculada aplasta la cabeza de la serpiente acechadora por medio de rotundas victorias. Ella está lista para usarte para infligir aplastantes victorias sobre satán si tú estás preparado para pelear bajo su estandarte. Dios La ha hecho poderosa y victoriosa: Ella sóla basta para la victoria –porque todas las otras cosas buenas se reúnen con Ella (cf. Sab. 7:11)-- ¡y Ella es (is, sale) victoriosa siempre!


Oraciones Diarias (pp. 79–80)