SECCIÓN


Primera semana – Ven Al Trono De La Gracia



Día 8 - La Hacedora de Santos


Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

– 1 Timoteo 2:4


La salvación es la voluntad de Dios para todos, y es la voluntad de Dios para ti. Y, aún, sólo unos pocos alcanzan esta meta: "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos", dice Nuestro Señor (Mt 22:14). Y también, "amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!" (Mt 7:13-15).


¿No llena tu corazón de trepidación y de tristeza escuchar a la Iglesia llorar cómo, a pesar de las muchas súplicas a nosotros (sin a nosotros) de Nuestra Señora para que sigamos la voluntad de Dios, tantas personas –tantos católicos– van sin embargo en la dirección opuesta de la que conduce a la salvación? (cf. S. Juan Pablo II, Homilía, 13 de mayo de 1982). ¿No te hace ésto ponerte serio sobre cómo vives tu propia vida? Pregúntate a ti mismo: ¿cómo vivo mi vida, mi llamada a la salvación?


Muchos (tantos) pecados diferentes separan a las personas de Dios y entre ellas, llevándolas en toda dirección posible lejos de Él. La ley de Dios es infringida de muchos (tantos) modos por las almas descarriadas que buscan la felicidad en el pecado y nunca la encuentran. En lugar de encontrarla, están siempre a la deriva más lejos de ella. Muchas (tantas) almas amadas por Dios se pierden para siempre porque rehúsan amarlo como Él quiere ser amado, guardando sus mandamientos. Sus pecados pueden ser muy diferentes, pero lo que todos tienen en común es ésto: todos carecen de la verdadera devoción a su Madre del Cielo. Ellos rehúsan escuchar Su voz diciéndoles "Haced lo que Él os diga" (Jn 2:5). Todos rehúsan recibirla en su casa y ser reunidos bajo Su manto. 


La Inmaculada Ella (¿?) misma desea ser un refugio seguro para todos ellos: Ella no puede perder la gracia nunca, y Ella la preserva para todos aquellos que se consagran a Ella. Escucha Su voz: "Aquel que me busca me encuentra, y obtiene el favor del Señor" (Prv 8:35). Pertenece a Ella entonces, y descansa seguro de que tú (¿?) no te perderás. Siempre mantén las palabras aleccionadoras de la Iglesia en tu corazón: "Nuestra Señora predijo y nos avisó sobre un modo de vida que es sin Dios y de hecho profana a Dios en Sus criaturas. Una vida tal –frecuentemente propuesta e impuesta– arriesga conducir al infierno. Nosotros no necesitamos sino tomar refugio bajo la protección de la Virgen María para pedirle, como la Salve Regina enseña: 'muéstranos a Jesús'" (Papa Francisco, Homilía, 13 de mayo de 2017).


Nuestra Señora es la Mediatriz (Mediadora) de todas las gracias para ti –su comienzo, su crecimiento, su restauración cuando es perdida, así como su perfección. Para y considera todos los muchos santos de la Iglesia –ya aquellos que preservaron su inocencia desde la infancia o ya aquellos que volvieron a Dios después de una larga vida de pecado– todos amaron a su Madre Inmaculada y se dejaron guiar por Ella. Donde sea que Ella entra, Ella obtiene la gracia de la conversión y la santificación. Cuanto más pertenezcas a Ella, mayor será la obra de santificación que Ella hará en ti. 

Jesús no morará en las almas que rechazan a Su Madre. Él no nacerá en las almas de otro modo excepto por María Inmaculada. Ni tampoco Él crecerá en ellos, ni los hará como Él mismo, si no es por Ella por quien Él mismo nació, por Ella a cuyo lado creció, por Ella que estuvo con Él hasta el final de Su vida. Así pues, incluso si un alma tuviera todas las otras devociones y virtudes pero no tuviese verdadera devoción a Ella, su devoción está vacía y ella no puede perseverar –su caída es segura. 


Dios te ha enseñado el más fácil, más seguro y más bello camino para salvar tu alma y llegar a ser santo. Consuélate así pues y persevera en tu resolución de ser Suyo sin límite: ¡es imposible que nadie que verdaderamente pertenezca a la Inmaculada perezca! Es imposible pertenecerle a Ella (Aquella) quien está llena de gracia y vivir y morir sin gracia


Oraciones Diarias (pp. 79–80)