Primera semana – Ven Al Trono De La Gracia
Día 7 – María, la Medianera de Todas Las Gracias
Ninguna participación en la gracia y en la Naturaleza Divina es posible sin la mediación maternal de la Inmaculada. La plenitud de la gracia que Dios ha puesto en Su alma inmaculada es una fuente de gracia para todos Sus demás hijos. En Su infinita sabiduría, Él no te transmite Su vida Divina sino por Ella. Tú así pues no puedes tener la vida de Dios en tu alma si no tienes también la vida de María. No puedes tener a Dios por Padre si no tienes a María por Madre. Dios no da una simple gracia sin Ella: “No hay fruto de gracia en la historia de la salvación que no tenga como su necesario instrumento la mediación de Nuestra Señora” (Benedicto XVI, Homilía, 11 de mayo de 2007).
¡Cuán grandes son la sabiduría y la misericordia reveladas en éste designio de Dios! La más amable y amorosa María es verdaderamente tu Mediadora con Dios. Cualquier cosa que Dios desea darte, Él primero inspira a tu Madre para que lo pida de Él —y sólo entonces la gracia es dada, por Sus maternales Corazón y manos. Ésta verdad fue entendida desde el principio y aceptada con el mayor gozo por los santos apóstoles y los primeros creyentes. Ésta es también la creencia y la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Todos los pueblos cristianos de toda edad la aceptaron, y es sólo por la más grande violencia –y con la más trágica de las consecuencias– que esta verdad consoladora puede ser arrancada de sus corazones, como la historia de tantas herejías contra la Fe de la Iglesia nos enseña (cf. León XIII, Octobri Mense, 22 de septiembre de 1891). Ésta es una verdad tan importante para tu alma y para su crecimiento en (la) gracia que la Iglesia entera, y especialmente los santos pontífices, la ha repetido innumerables veces y con infalible certeza.
La mediación de Nuestra Señora es verdaderamente universal: incluso cuando no eres consciente de ello o no puedes recordarlo, Nuestra Señora está siempre intercediendo por ti para (por) cada gracia que recibes. Dios, comoquiera, no quiere que seas inconsciente o desconsiderado de tener una tan amorosa Madre y Mediadora. Él quiere que honres a tu Padre y a tu Madre. Por esta razón hay ciertas gracias que Él ha preparado para ti que no puedes recibir a no ser que pienses en Ella y le reces a Ella expresamente; hay ciertas gracias las cuales no puedes recibirlas si no las pides explícitamente a través de la Inmaculada.
Piensa en ésta verdad profunda y mira que está contenida en el Evangelio mismo: si Nuestra Señora no hubiera estado allí en Caná en Galilea, Jesús no habría obrado entonces Su primer milagro. ¡De no haberla invitado los esposos a su fiesta de bodas, Ella no habría podido obtener esta gracia asombrosa para ellos! Este milagro ocurrió porque María fue invitada, porque Ella intercedió, porque Ella habló a los criados (servants), y porque ellos La obedecieron –y sólo porque Ella estaba presente y lo pidió, hizo Nuestro Señor que anticipó Su hora.
Si deseas recibir la plenitud de la gracia que Dios ha preparado para ti desde la eternidad, conságrate a ti mismo a tu Madre del Cielo. Invítala y recíbela en tu casa, en tu vida. Rézale, déjala que interceda por ti, obedécela, y déjala sorprenderte con Su amor Maternal.