SECCIÓN


Primera semana Ven Al Trono De La Gracia



Día 6 – Necesitas Gracia


Dios te ha creado por Su infinito amor hacia ti. El propósito de tu corta vida aquí en la tierra es volver, por tu amor a Él, al Dios que te ama. Estás llamado a vivir en comunión con Dios por la gracia santificante aquí en la tierra, y –si perseveras en el amor de Dios y en Su gracia santa hasta la muerte– a verlo a Él cara a cara por toda la eternidad en la gloria. Puedes fácilmente ver cómo sin gracia, así pues, no puedes alcanzar el propósito por el cual has sido creado y por el cual existes: no puedes vivir en comunión con Dios y no puedes alcanzar la vida eterna. 


La gracia santificante es tu participación en la vida de Dios tu Padre Celestial Él mismo. Es esta gracia la que te hace hijo de Dios y "partícipe de la Naturaleza Divina" (2 Pt 1:4). Cuando posees este precioso don de la gracia eres elevado por ella para ser capaz de actuar, hablar, y pensar como un verdadero hijo de Dios, santo e inmaculado en Su presencia (vista, in His sight). Porque la gracia verdaderamente te hace hijo, por éso te hace también heredero, heredero del Reino de tu Padre en el Cielo. 


Piensa cómo de importante es la gracia: sin la gracia, no puedes llamar a Dios tu Padre y el Reino de Dios está cerrado para ti. Sin la gracia, sigues siendo un mero hijo del pecador Adán, separado del buen Dios –caído en el pecado y constantemente cayendo de pecado en más pecado, un enemigo del Dios que te ama. Sin la gracia estás herido y roto, confundido, ciego, sólo y andando por la senda ancha y espaciosa que acaba en el Infierno y en la eterna separación de Dios. 


Pero piensa inmediatamente lo que eres, o lo que puedes ser una vez que recibas o que seas restaurado a la gracia: un verdadero hijo de Dios, restaurado a Su hermosa imagen y semejanza, hecho entero de nuevo, curado y andando gozosamente por el camino hacia el lugar en el Cielo que Tu Padre ha preparado para ti en Su casa. 

Y piensa sobre todo en cómo de fácil es recibir este regalo, cómo de hermoso perseverar en él. Es ésto lo que tu corazón anhela –una vida de santidad, un anticipo del Cielo. Nuestro buen Dios quiere dártelo ardientemente, y Él quiere que lo tengas del modo más hermoso y más seguro: por María, Su Madre y la tuya.


Tal vez, en el pasado, no has guardado fielmente la gracia que se te dio. Tal vez has caído en pecado mortal y vivido lejos de Dios, puede ser que incluso un largo tiempo. O tal vez has elegido vivir una vida mediocre de pecado venial deliberado, indiferente a ser santo. ¡Ésto no es para lo que Dios te ha creado! Piensa en tu vocación sobrenatural, y renueva ahora tu dedicación a la gracia que recibiste por primera vez en tu Bautismo. Mira a Nuestra Señora, y en Su presencia renueva las promesas que hiciste entonces: renuncia otra vez a satán, renuncia a sus obras, renuncia a sus promesas vacías. Pide a tu Madre Inmaculada que proteja este tesoro en tu alma y que nunca permita que lo pierdas otra vez. ¡La consagración a la Inmaculada es la mayor seguridad de ser fiel a tu Bautismo, y de perseverar en la gracia hasta el final!


Oraciones Diarias (pp. 7980)