Primera semana – Ven Al Trono De La Gracia
Día 12 – Tu Crecimiento En La Gracia
Ninguna madre de la tierra puede considerar su tarea completa por el nacimiento de su hijo. Ella debe nutrir y educar a su hijo, y Dios ha puesto en su corazón un irreprimible (insupressible), maternal instinto para hacerlo con el amor más grande. Y así es también el rol de la Santísima Virgen María para cada uno de Sus hijitos. María no sólo te da a luz, sino que también te nutre, te cría y te acompaña por el tiempo entero de tu vida espiritual–y Ella hace ésto con el inexpresable amor y con el gusto de una verdadera madre.
En la Anunciación, Ella te concibió a ti como Su hijo y silenciosamente te llevó dentro de Su Corazón hasta el momento del Calvario, cuando Su Maternidad fue públicamente proclamada por Nuestro Señor a ti y al mundo entero. Colgando de la Cruz, Nuestro Señor no consideró la obra de tu redención cumplida hasta que no habló a Su Madre sobre ti: “Aquí tienes a Tu hijo–porque tú no dudaste en ofrecerme a Mí, tu Hijo Unigénito, por un pecador tal como éste, yo te lo doy a Ti como Tu posesión y tu propiedad”.
La Iglesia enseña que Nuestra Señora, junto con Su Hijo, posee verdaderos derechos sobre todas las almas, y así pues también sobre tu alma. Tú perteneces a Ella como un verdadero derecho de conquista (cf. Pío XII, Mensaje de Radio, 13 de mayo de 1946). Ésto significa que junto con Jesús, y porque Jesús lo quiso, la Inmaculada pagó el precio para que tú fueses recomprado de la esclavitud de satán. Los papas y los teólogos llaman a ésto Corredención: Ella ofreció a Su Hijo para tu redención, junto con todo el dolor y la pena que este ofrecimiento le causó a Ella, y así tú le perteneces a Ella, tú eres Su posesión y Su propiedad. Jesús te dio a Ella, Ella aceptó con amor, y Ella no quiere perderte.
Como tu Corredentora, la Inmaculada mereció ser proclamada por Jesús para ser tu Madre, y la Madre de todos los hombres, porque Ella participó en el sacrificio redentor de Su Hijo de un modo tan especial y único. Ella voluntariamente abrazó esta proclamación con el mayor amor y en toda su extensión. Por esta razón Ella no considera Su tarea completa después de tu nacimiento en el Calvario: incluso ahora Ella continúa haciendo Su función maternal desde el Cielo como la cooperadora del desarrollo de la vida divina en tu alma y en las almas individuales de todos los redimidos.
No te desanimes nunca y no pierdas el ánimo, así pues, si te ves a ti mismo algunas veces perdiendo gracia por el pecado, algunas veces tibio y no teniendo fervor, algunas veces no creciendo en la gracia como te gustaría. Ella es siempre tu Madre y Su amor por ti nunca disminuye. Ella es, más aún, una madre siempre a la vez queriendo y pudiendo ayudarte. Con Ella tú encontrarás la gracia si la pierdes, tendrás más fervor si te has entibiado, crecerás en la gracia y perseverarás en ella hasta el final, hasta que seas un santo, el mayor santo posible.
Renueva tu consagración a Ella, dile que quieres ser Suyo. Confiesa tus pecados con frecuencia y repara por ellos con redoblado amor y celo–cada vez convirtiéndote del pecado y volviendo a Dios más aún–y harás un rápido progreso bajo Su guía. Ella será cada vez más y más Madre tuya, y tú te harás cada vez más y más Su humilde, confiante niño. El Reino de Dios pertenece a tales como éstos.