SECCIÓN


Primera semana – Ven Al Trono De La Gracia



Día 11 – Contrición por Tus Pecados y Confesión


Para vivir en una total consagración a Nuestra Señora, debes hacer esfuerzos constantes para mantener una conciencia limpia y para agradarla en todo lo que hagas. La Inmaculada no puede tener el gozo de presentarte a Dios como Suya si eliges estar en pecado. 


Aunque cuando eres Su posesión y propiedad, puedes tener la mayor confianza de que Ella te ayudará para no caer en pecado, debes igualmente permanecer vigilante siempre. Nuestra Señora nunca te fallará, pero tu debilidad permanecerá contigo, y –tristemente– tú serás capaz de fallarla a Ella. Si pasase que tu resolución se debilitase y cayeses otra vez, no retrases por un momento volver a Dios. Recuerda que Él ha dado a Nuestra Señora especialmente a aquellos quienes son más débiles, más miserables, más propensos a caer. Rézale a Nuestra Señora diciendo: “Madre querida perdóname y obtenme el perdón para mí de Jesús” (quitar el para mí). Justo entonces y ahí, resuelve no pecar otra vez. Si vuelves a Ella sinceramente y la invocas con confianza, la Inmaculada no te dejará que te hundas más. Reconoce tu pecado con humildad, pero repáralo con actos de reparación prontos en el lugar de con una tristeza prolongada. Desde ese momento, busca actuar sólo por amor de Ella y Su Hijo –intenta consolarla con tu acción siguiente haciendo lo que sea que Jesús quiere de ti y haciéndolo lo mejor posible –y después de éso entonces busca confesar tu pecado a la primera oportunidad que tengas. Si actúas de este modo, descansa seguro de que serás perdonado por Nuestro Señor y restaurado a Su Gracia en ese preciso instante (1). 


Cuando te aproximes al sacramento de la confesión, hazlo con gran diligencia y confianza. Examina tu conciencia en el Calvario junto con María. Al pie de la cruz, Ella recibió de Jesús la gracia de conocer todos y cada uno de los hijos por quien Ella estaba sufriendo, y todos y cada uno de los pecados los cuales Ella estaba expiando con Él. Ella te vio y te conoció, y Ella vio y conoció todos y cada uno de tus pecados. Ella soportó un dolor indecible por ti, a quien Ella ama tanto, porque tú fuiste la causa de la muerte de Su Hijo. Ella, quien conoce tu alma tan íntimamente, puede guiarte y te guiará en la examinación de la conciencia si tú te tomas el tiempo necesario para recogerte en Su presencia amorosa. 


Cuando examines tu conciencia, piensa sobre todo en el hecho de que fueron tus pecados plenamente deliberados –o mortales o incluso veniales, sólo– los que hirieron Su Corazón más. La Inmaculada quiere ayudarte a descubrir tus pecados –empezando con los plenamente deliberados– y a tener Sus mismos sentimientos de detestación por ellos. Pero Ella no desea que tú permanezcas ahí: Ella quiere llenar tu corazón con confianza de que tú puedes superarlos y de que los superarás, porque Ella, junta con Cristo, ha tenido entera victoria sobre ellos. 


Tu corazón debe arder con un deseo ardiente de consolar a tu Corredentora dolorosa. Sí, Ella te conoció a ti y todos tus pecados que la llenaron de amargo duelo, pero Ella también conoció todo esfuerzo sincero que tú harías para no pecar más. ¡Y qué inefable consolación fue ésto para Su Corazón Maternal! Confiesa tus pecados frecuentemente y consuélala por tu profunda contrición y firme propósito de enmendarte en cada confesión que hagas. 


(1) Un acto de contrición perfecta sin ninguna duda reconcilia al alma con Dios, incluso antes de la confesión sacramental (Cf. Concilio de Trento). Aun así, antes no quiere decir sin: debes tener una resolución sincera de ir a la confesión a la primera oportunidad. Y recuerda también que no puedes recibir la Santa Comunión hasta después de que la confesión haya tenido lugar de hecho

Oraciones Diarias (pp. 79–80)