Después de tu consagración
Una vez te has consagrado a ti mismo a la Inmaculada, busca hacer la consagración tu modo de vida. Para hacer ésto, puedes hacer lo siguiente:
Vive en íntima unión con Ella, rezándole a Ella a menudo y con atención, reverencia y devoción.
Recita especialmente el Ave María y la Letanía de Loreto; recita el Rosario todos los días (antes de decir que no puedes hacerlo, ¡asegúrate de que tu “no poder” no está siendo un “no querer” disfrazado!).
Prepárate para las fiestas de Nuestra Señora con la confesión y celébralo haciendo el esfuerzo de recibir la Santa Comunión esos días (para una lista de fiestas Marianas, ve el principio de este librito, “Eligiendo (elegir) una Fecha” p.4).
Haz todo por, con, en y para María, Ésto significa consultarla antes de tus acciones, invoca su santísimo Nombre frecuentemente, hablarle a Ella de tus sentimientos e impresiones y todo lo demás que ocurre dentro de ti y a tu alrededor.
Asóciate a ti mismo con María en un modo especial antes, durante, y después de la Santa Comunión.
Todos los años, conmemora el aniversario de tu consagración por una más exhaustiva renovación, siguiendo el mismo período de meditaciones de 33 días u otras meditaciones Marianas.
Únete a la Misión de la Inmaculada Mediatriz (Mediadora) (MIM), un movimiento cuyos miembros viven el espíritu de la total consagración y se dedican al apostolado Mariano. Para más información, ve p. 91.
Renueva tu total consagración todos los días recitando el Acto de Consagración de San Maximiliano M. Kolbe, un un acto equivalente (ve el acto más breve de consagración diaria más abajo).
Continúa creciendo en tu conocimiento de la Inmaculada leyendo buenos libros sobre Ella, como los siguientes:
Tratado de la Verdadera Devoción a La VIrgen María, de San Luis de Monfort
Vida en Unión con María, del P. Emil Neubert, SM
María Mi Madre, del P. Joseph Schryvers, CSsR
¿Quién es María?, del P. Gabriel M. Pelettieri, FI