Via Crucis I
de San Leonardo de Porto Mauricio
Via Crucis - Compuesta por San Leonardo de Porto Maurício. Este (gran confesor) siempre mandaba un Via Crucis como penitencia, de hecho fue un ferviente propagador del mismo. Este Santo Ejercicio fue tomado de un libro del ano 1855.
Rogámoste, Senor, prevengas nuestras acciones con tu inspiración, y las prosigas con tu ayuda para que toda nuestra obra y oración, por tí siempre empiece y en tí siempre acabe.
Oración preparatoria, o acto de contrición que se hará antes de dicho santo ejercicio.
Clementísimo Jesús mío, porque sois infinitamente bueno y misericordioso, os amo sobre todas las cosas, y de todo corazón me arrepiento de haberos ofendido, Dios mío, y sumo bien mío: ofreciéndoos este santo viaje, en honra y veneración de aquel viaje doloroso, que vos hicisteis por mí, indignísimo pecador; e intento ganar todas las indulgencias, y rogar por todos aquellos fines y motivos por los cuales fue concedido un tan grande tesoro: suplicándoos humildemente que yo haga este santo ejercicio de tal modo que me ayude a conseguir vuestra misericordia en esta vida, y en la otra, la vida; eterna. Amen.
ESTACIÓN PRIMERA
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
En esta primera estación se representa la casa y pretorio de Pilatos, donde nuestro buen Jesús, coronado de penetrantes espinas, y todo bañado en sangre recibió la inicua sentencia de muerte.
Considera la admirable sumisión dei inocente Jesús en recibir una tan inicua sentencia de muerte: y sabe; que tus culpas y pecados fueron los falsos testigos que la firma ron, y tu obstinación, indujo a aquel impío juez a proferiria, y si asi es vuélvete bacia tu Dios amoroso, y más con lágrimas dei corazón, que con las expresiones de la lengua dile así:
iAy de naí! jAmado Jesús mío! Y que amor tan entranable es el vuestro, pues por una criatura tan ingrata sufrís prisiones, cadenas y azotes tan crueles hasta ser sentenciado a una ignominiosa muerte la que solo esto basta para herirme el corazón, y hacerme detestar tantos, pecados mios, que fueron la causa de tantos trabajos vuestros. Ya, Senor, abomino mis pecados, ya los lloro y por todo este camino doloroso andaré suspirando y repitiendo. Jesus mío misericórdia, Jesus misericórdia. Amén.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN SEGUNDA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Recibe Jesús la pesada cruz, sobre sus hombros.
Eu esta segunda estación se representa el lugar, donde por mano de cruelísimos ministros, fué cargado sobre los lastimados hombros de Jesús el Madero pesado de la Cruz.
Considera como el Benignísimo Jesús, lleno de inmensos dolores, se abraza con la Santa Cruz; y mira con cuanta mansedumbre sufre los golpes y escárnios de aquellos viles hombres, cuando tú, o miserable, huyes cuanto puedes la Cruz de la verdadera penitencia, sin reflexionar que sin Cruz no hay entrada en la Gloria. Llora, pues, tu ceguedad, con la cual, hasta ahora has aborrecido el padecer, y vuelto de corazon a tu Senor, dile suspirando así:
A mí, Jesús mío, a mí, y no a Vos, se debe esa pesada Cruz. jOh Cruz pesadísima, que fuiste fabricada de mis feas y enormes culpas! Ea, pues, Salvador mío, dadme fortaleza para abrazar con amor las cruces de los trabajos, que merecen mis pecados, a fin de que, en el breve tiempo de esta vida, teniendo la dichosa suerte de vivir abrazado con la Santa Cruz, muera crucificado, y por medio de la Cruz, arribe finalmente a gozaros etemamente en el Cielo. Amén.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACION TERCERA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Cae Jesús con la Cruz la primera vez.
En esta tercera, estación, se representa el lugar, donde el pacientísimo Jesús cayó la primera vez con la Cruz.
Considera como el afligidísimo Jesús, decaído de fuerzas por la sangre que vertia, y por la fatiga, que con el tropel le ocasionaban aquellos viles ministros de Satanás, I cayó la primera vez en tierra, debajo dei pesado madero de la Cruz. Ea, pues, mira como aquello envenenados verdugos lo hieren con paios, puntillones y desprecios; y el pacientísimo Jesús a todo no abre su boca, sufre y calla, cuando tú en tus ligerísimos trabajos; eres tan impaciente, que luego te alteras, impacientas y ensoberbeces; y aun por ventura, tal vez temerariamente blasfemas. Pues esta vez, a lo menos, arrepentido de tus altiveces, detesta tu soberbia, y ruega a tu afligido Dios de esta manera:
Amantísimo Redentor mío, aqui está postrado, a vuestros pies el pecador más pérfido de cuantos viven sobre la tierra. jOh cuantas caídas! iOh cuantas veces he sido precipitado en un abismo de iniquidad! Ea, pues, dadme vuestra mano soberana para levantarme. Ayudadme, Jesus mío, ayudadme, a fin de que en lo restante de mi vida, no vuelva a caer en culpa alguna mortal, y en la muerte asegure el conseguir la eterna salvación. Amen.
Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor, ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN CUARTA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Encuentra Jesús a su Santísima Madre.
En esta cuarta estación se representa el lugar, donde nuestro apasionado Redentor encontro a su afligidísima Madre.
iOh qué dolor traspasó el corazon de Jesús! j Y oh qué dolor hirió el corazon de Maria en aquel encuentro! jOh alma ingrata! ^Qué mal te ha hecho mi amado hijo Jesús? Dice la dolorosa Maria. ^Qué mal te ha hecho mi inocente y pobre madre? dice Jesús. Ea, pues, deja la culpa, que fué la causa de estas nuestras grandes penas. Y tú, ^qué les respondes? Ya arrepentido, con lágrimas de dolor, diles asi:
jOh divino hijo de Maria! jOh santisima madre de mi amado Jesús! Aqui me tenéis postrado a vuestros pies santisimos, humillado y compungido confieso que soy yo aquel traidor, que fabriqué, pecando, el cuchillo de dolor que traspasó vuestro tiemisimo corazon, ya me arrepiento de corazon, y pido a entrambos misericórdia y perdón, misericórdia, Jesús mio, misericórdia, misericórdia, Santisima. Maria, misericórdia; a fin de que por medio de esta gran misericórdia, yo me aparte de las culpas, medite vuestras penas todo el breve tiempo de mi vida y pase de pues a veros en los gozos de la Gloria. Amén.
Padre Nuestro, Ave, Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN QUINTA.
V. Adorámoste Senor mio Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Ayuda el Cireneo a llevar la Cruz al Redentor.
En esta quinta estación se representa el lugar, donde precisaron los judios al Cireneo a que ayudase a llevar la Cruz a nuestro Redentor Jesús.
Considera, que tú eres aquel Cireneo, el cual llevo la Cruz de Jesús por cumplimiento o por fuerza, porque estas muy asido a las conveniências transitórias de este mundo. Ea, pues, desprende tu voluntad de los aparentes bienes mundanos y aliviarás de tan crecido peso al fatigado Jesús, y abrazando de corazón todos los trabajos, que te vienen de la mano de Dios, te ofrecerás a sufrirlos con paciência, dando gracias a tu Dios, a quien dirás así:
jOh amantísimo Jesús mío! Gracias te doy por tantas, y tan oportunas ocasiones de merecer por naí y de padecer por vos. Ea, pues, haced, Dios mío que sufriendo con paciência todo aquello que tiene apariencia de mal en esta vida, consiga los tesoros de bienes eternos en la otra, y padeciendo vos aqui desconsuelos y trabajos, sea hecho digno de pasar a reinar también con vos etemamente en el Cielo. Amén.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor teu piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN SEXTA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Limpia la Verónica el rostro ensangrentado de Jesús.
En la sexta estación se representa el lugar, donde la santa mujer Verónica limpió con un pano el rostro ensangrentado de Jesús.
Considera, como en aquel santo lienzo quedo estampado el pálido rostro de Jesús, mira en aquel pano todo desfigurado el rostro de tu Dios y movido dei amor, procura un propio retrato de aquel rostro en tu corazón. jOti feliz de ti, si con Jesús esculpido en tu corazón vivieres! jOti feliz de ti, si con Jesús esculpido en el corazón murieres!; pues para merecer un bien tan grande ruega a tu Senor así:
Atormentado Salvador mío, yo os suplico que imprimas de tal manera en mi corazon, la imagen de vuestro santísimo rostro, que de día y de noclie siempre piense en vos, para que puesta delante de mi vista vuestra pasión dolorosa, llore siempre mis enormes culpas que alimentado aqui, como os lo ofrezco con el pan dei dolor de mis pecados, espero que después me concedáis el consuelo de ver Vuestro tiermoso rostro etemamente en el Ciclo. Amen.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN SEXTIMA.
V. Adorámoste Senor naio Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cae Jesús segunda vez con la Cruz
En esta sétima estación se representa la puerta de Jerusalén, llamada Judiciaria, donde nuestro Redentor cayó en tierra segunda vez con la cruz.
Considera a tu Senor, caído y tendido en el suelo, abatido de los dolores, pisado con desprecio de los enemigos, y escarnecido de la plebe; y advierte, que tu soberbia fue quien le impelió a caer, y tu altivez lo puso tan abatido. Ea, pues, baja esta vez tus altivos pensamientos; y con dolorosa contrición de lo pasado, propón el humillarte a todos en lo porvenir, y di a tu Senor así:
iOh santísimo Redentor mío! aunque os miro caído en este suelo, os confieso al mismo tiempo Todopoderoso; y así os suplico el favor de que yo abata todos mis pensamientos de soberbia, ambición, y de propia estimación, a fin de que caminando siempre en este abatimiento, abrace de corazon el retiro y los desprecios; y con esta humildad íntima, cordial y verdadera, que tanto a vos agrada, merezca aliviaros de tan dolorosa caída, y después ser levantado a gozaros en la Gloria. Amén.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN OCTAVA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Consuela Jesús a las hijas de Jerusalén.
En esta octava estación se representa el lugar donde el benignísimo senor consolo a unas dolorosas y afligidas mujeres de Jerusalén.
Considera, que tú tienes mucho mayor motivo de llorar, de llorar por Jesús, que tanto padece por tí, y por tí mismo, que ingrato con tus pecados, eres la causa de aquellos grandes tormentos. por qué a vista de tantas penas, permaneces aun en tu dureza? A lo menos, mirando aqui a Jesús, que muestra tanta piedad con aquellas mujeres santas, emprende grande confianza; y con grande dolor y compunción dile a tu Senor así:
iOti amabilísimo Salvador naío! ^Cómo nú corazon no se deshace en lágrimas de dolor, al ver que por naí estáis entre indecibles tormentos? Lágrimas. Senor; os pido, y lágrimas de dolor y compasión, a fin de que con lágrimas en los ojos, y con dolor en el corazon, merezca aquella piedad que mostraste a las piadosas mujeres. Ea, pues, concededme esta consolación divina, que núrado de vos con ojos piadosos en la vida, asegure en la muerte el pasar a veros en la Gloria. Amen.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN NOVENA (NONA)
V. Adorámoste Senor mio Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redinúste al mundo.
Cae Jesús tercera vez con la Cruz.
En esta nona estación se representa el lugar, donde el pacientísimo Jesús, destituído en gran manera de fuerzas, cayó tercera vez en tierra con el pesado madero de la Cruz.
jOh qué penosa fue ésta caída de nuestro amado Jesús! mira con que furor y rabia embisten aquellos crueles lobos al mansísimo Cordero Jesús, pues todos ansiosos de verlo puesto en la Cruz, con golpes y desprecios, hacen que se levante dei suelo. jOh maldito pecado, que así se maltraté al hijo de Dios! Pues, alma cristiana, ^merece bien tus lágrimas un Dios así oprimido, un Dios así atormentado? Ya se ve que las merece pues con ellas en los ojos, dile así al Senor:
Omnipotente Dios naío, que con solo un dedo sustentáis la tierra y el Ciclo, ^quién, Senor os ha hecho caer desmayado en ese suelo? jPero ay de mí! que quien os ha postrado han sido mis reincidências, y mis repetidas culpas, anadiendo en vos tormentos tras tormentas con anadir yo pecados a pecados. Pero ya reconocido me postro a vuestros pies arrepentido, y con propósito firme de no repetir más mis culpas, y suspirando, repito una y núl veces no más pecar mi Dios, no más pecar. Amén.
Padre nuestro. Ave Maria y Gloria.
Senor, ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN DECIMA
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Desnudan a Jesús de sus vestidos y danle a beber hiel amarguísima
En esta décima estación se representa el lugar, donde a nuestro Redentor Jesús le quitaron sus propias vestiduras, y le dieron a beber amarga hiel.
Considera alma cristiana, como aquellos tigres inhumanos desnudaron a tan dulce Jesús y con la túnica pegada a las doloridas carnes, salieron pedazos de carne y sangre, quedando en lo exterior todo de pies a cabeza, hecho una llaga, y e n lo interior martirizado el gusto con la hiel que le dieren a beber. Mira como tu divino Redentor, que es el que viste de hermosura a los Ciclos, entre sus tormentos sufre al quedarse desnudo en presencia de un numeroso concurso; y movido de lástima y compasión, dile así a tu Redentor:
Afligidísimo Jesús mío, ^qué horrible, mutación es la que veo? Vos Senor, todo sangre todo llagas, todo desnudez, todo amarguras, y yo todo deleites todo vanidad, todo dulzura. jAh, Senor, que no camino bien! Bien lo conozco en vos, que sois e verdadero camino, pero dadme vuestro auxilio para mudar de vida, y poned tal amargura en mi gusto a las cosas de este mundo, que de aqui en adelante no guste ya otra cosa, que las amarguras de vuestra pasión santísima, para que consiga el; pasar a gozar las dulzuras de la gloria. Amen.
Padre nuestro. Ave Maria y Gloria.
Senor, ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN UNDÉCIMA.
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Clavan a Jesús en el duro madero de la Cruz.
En esta undécima estación se representa el lugar, donde los impíos tendieron sobre la Cruz al Dulcísimo Jesús, y lo enclavaron en ella en presencié de su Madre Santísima.
Considera el profundísimo dolor que sentiría el buen Jesús, al traspasarle con duros clavos sus divinos pies y manos, quedando el sagrado cuerpo clavado en un madero; y ^qué pena seria la de la dulcísima Madre, al ver delante de sí a su hijo querido, todo tan destrozado y lastimado, que aun a las criaturas insensibles movia á compasión? ^Pues cómo no se deshace tu corazón en lágrimas a vista de tantas penas? A lo menos, explica con el llanto tu dolor, diciendo así a tu senor:
Clementísimo Jesús núo, crucificado por mi: barrenad, Senor, y traspasad nú duro corazón con los clavos de vuestro santo amor y temor; y ya que mis pecados fueron los clavos crueles, que traspasaron a vos los pies y manos, haced que vuestro santo temor, y el dolor de nús pecados sean el artífice que fijen y moderen en nú todas nús desordenadas pasiones, a fin de conseguir la feliz suerte de que viviendo con vos crucificado en la tierra, pase a reinar con vos en las felicidades de la gloria. Amen.
Padre nuestro. Ave Maria y Gloria.
Senor, teu píedad y misericórdia de nosotros.
ESTACION DUODÉCIMA
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Levantan en la Cruz a Jesús y espira en ella el Redentor dei mundo.
En esta duodécima estación se representa el lugar, donde nuestro Salvador, después de puesto en la Cruz, fue levantado en ella, y dio su amorosa vida redimiendo al mundo.
Pues alma cristiana, alza los ojos, y mira en el aire pendiente de tres clavos al dulcísimo Jesús; mira aquel Divino Rostro entre agonias, mira todas sus llagas renovadas, y de pies y manos corren tres fuentes de sangre, que llegan hasta la tierra: oye como perdona a quien le agravia, ofrece el Paraíso al que lo quiera, deja al cuidado de Juan su Madre amada, encomienda al Padre su santísima Alma; y al fin, inclinando su cabeza, espira; ^Con qué ya murió Jesús? ha muerto en la Cruz por tí? Y tú, ^qué es lo que haces? Ea, pues, resuelve no apartarte de este lugar santo; sin estar renovado y compungido: y así, abrazado a la Cruz dei Redentor, dile a su Majestad:
Amabilísimo Redentor mío, yo conozco, y yo confieso, que mis gravísimas, culpas so los verdugos más despiadados, qué os han quitado la vida, y que no merezco el perdón de tan crecida ofensa, pero oyéndoos a vos en esa cruz perdonar a vuestros enemigos, joh cuánto ânimo y fuerza recibe mi corazon! Y si me ensenáis a perdonar; aqui me tienes pronto para perdonar de corazon a todos mis enemigos, sí, mi Dios, por amor vuestro, los perdono, y deseo bien a todos, para que así me concedáis, que en la última hora de mi vida escuche de vuestra boca aquella feliz palabra; Hoy serás conmigo companero en la Gloria Amen.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN DECIMOTERCERA
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Descienden de la Cruz a nuestro Redentor, y lo ponen en bs brazos de su beatísima Madre.
En esta terciadécima estación se representa el lugar, donde el cuerpo difunto de Jesús fué bajado de la Cruz, y puesto en los brazos de su afligidísima Madre.
Considera, cuál seria la espada de dolor, que traspasó el corazon de i aquella inocente Madre, cuando recibió en sus brazos a su divino Hijo ya difunto. iQue sentimiento tendría, al ver aquel divinizado cuerpo, que se habia formado en sus entranas por obra dei Espítu Santo, todo acardenalado, y todo de pies a cabeza destrozado! Allí se renovaron en Maria todas las penas. Pero contemplando tú, que tus pecados fueron la pésima fiera, que hizo aquel destrozo en el amado hijo de Maria, desata tu corazón en lágrimas, y uniéndolas con las que vierte aquella afligida Madre, dile así:
iOh valerosa reina de los mártires! iQué mar inmenso de penas y tormentos esta hecho vuestro pecho! Conozco no ser digno de acompanaros en vuestro sentimiento, porque he sido la causa de que tan cruel espada de dolor traspase vuestra alma. Pero concededme gran Senora, usando de vuestra piedad y vuestra misericórdia, que yo conozca mis ceguedades pasadas, para que sintiéndolas con amargura, participe de vuestras aflicciones en la presente vida, y pase después a haceros companía en las consolaciones de la eterna. Amen.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor, ten piedad y misericórdia de nosotros.
ESTACIÓN DECIMO CUARTA
V. Adorámoste Senor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Ponen el Sagrado Cuerpo de Jesús en el sepulcro
En esta cuartadecima estación se representa el lugar, dei Santo Sepulcro, donde fue colocado el Cuerpo Santísimo de Jesús.
Considera cuantos serían los llantos de Juan, de la Magdalena, y de las otras Marias y de todos los seguidores de Cristo cuando se cerró el sepulcro, pero más que todos considera la desolación de la piadosa Madre al verse sola, privada de la presencia de su hijo que tanto la consolaba. Y a vista de tantas lágrimas, avergüénzate de que en el discurso de todo este santo viaje, hayas mostrado tan poco sentimiento de piedad y compasión. Ea, pues esfuérzate en esta última estación y besando la piedra de aquella sagrada tumba desea depositar en ella tu corazon; y con amargo llanto ruega, a tu Senor difunto, y dile así:
Piadosísimo Jesus mío, que por sólo mi amor quisiste andar todo este camino doloroso, os adoro ya difunto, y cerrado en sagrado sepulcro, pero más quisiera teneros en mi pobre corazón, a fin de que unido con vos después de este santo ejercicio, me levante a una vida de gracia, y merezca con la perseverancia morir en vuestra amistad. Concédeme, pues, que por los méritos de vuestra pasión santísima, que he meditado en esta vía sacra, sea en el extremo de mi vida mi único alimento el Santísimo Sacramento, y mis últimas palabras aquellos dos dulces nombres Jesús y Maria; y que mi último aliento, se una con aquel con que vos espirásteis en la Cruz, que de esta forma, con fe viva, con esperanza cierta, y caridad fervorosa, muera con vos, y muera por vos, para reinar con vos por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, Ave Maria y Gloria.
Senor ten Piedad y misericórdia de nosotros.
ORACIÓN
jOh Dios Criador y Redentor de todos los fieles! Concede el perdón de tus ciervos y ciervas, para que la indulgência que siempre desearon, la consigan con nuestras piadosas súplicas.
ORACIÓN
Senor mío Jesucristo, te suplicamos intercedas por nosotros para con tu divina clemencia tu Santísima Madre la siempre Virgen Maria ahora y en la hora de nuestra muerte cuya alma fue traspasada de dolor en la hora de tu dolorosísima pasión. Tú dulcísimo Jesus, que vives y reinas con Dios Padre en unidad dei Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Se rezará la estación mayor al Santísimo sacramento y después se dirá:
Dulcísimo y benignísimo Senor de que son excelso trono los serafines, yo el mayor pecador de cuantos imploran vuestra misericórdia en este santo templo, con la profunda humildad os suplico que así como concedisteis remisión de todos los pecados al buen ladrón, e indulgência plenaria a la Magdalena, dei mismo modo, no atendiendo a la pobreza de mi espíritu, me la concedáis a mí para que sea satisfacción de mis culpas, y sirva también su mérito a todos los fieles católicos, por cuya salud espiritual y temporal la aplico, como así mismo por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, salud y acierto en el gobiemo de la Santa Iglesia al Sumo Pontífice reinante; a nuestro prelado diocesano, a nuestro párroco y a nuestro católico gobierno a quienes como a mí sirva de medio para estrecharse con vos, con un amor puro para gozar de vuestra deseada vista por eternidades de siglos. Amén.